Monday, July 24, 2006

EL ANGEL TRADICIONAL.

LOS ANGELES DE LA TRADICIÓN RELIGIOSA.
Por Waldemar Verdugo Fuentes.


(Imagen: Nuestra Señora de los Angeles)

Según la interpretación de la Revelación de la iglesia Católica, los ángeles son seres verdaderos, personalidades poderosas, y no seres fantasmales, únicamente símbolos; son expresiones de ciertas cualidades divinas. Decía el Papa Pío XI: “Acercarse a este misterio tan hermoso, fascinante y magnífico del mundo grandioso de los espíritus puros, nos revela nuevas dimensiones de la sabiduría, omnipotencia, magnificencia y amor infinito de Dios”. En el Boletín Tomista de 1965, pg. 50, se lee; “Quien declara que ya no existen los ángeles, actúa como uno que arrancase cada tercer página de la Sagrada Escritura” Dice el ex arzobispo de Toulouse, Francia, el cardenal Gabriel M. Garrone: “Muchos no quieren hablar sobre este tema por temor de encontrarse ante un conflicto de conciencia, penoso e insoluble: o se acepta con la Iglesia la existencia de estos seres misteriosos -lo que equivale a ser contado, desagradablemente, entre los anticuados-, o se declara francamente contra la existencia de los ángeles, lo cual implica oponerse a la fe de la Iglesia y al sentido claro del Evangelio. Por lo tanto a muchos les parece más practico ignorar este problema...”

La doctrina tradicional que ha dictado Juan Pablo II en sus catequesis de los miércoles, entre julio y diciembre de 1986 (extractadas de “L’ Osservatore Romano”), indican lo que entiende la iglesia Católica al respecto: “Hay la revelación que nada escapa a la eterna Sabiduría, la cual con fuerza (fortiter) y al mismo tiempo la bondad (suaviter) todo lo lleva a cumplimiento en el reino del Padre, del hijo y del Espíritu santo. La existencia de estas criaturas angelicales aparece claramente en los símbolos de la Fe: creo en un solo Dios, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosa visibles e invisibles, esto es, entes o seres. Sabemos que el hombre goza dentro de la creación de una posición singular: gracias a su cuerpo pertenece al mundo visible mientras que, por el alma espiritual, que vivifica el cuerpo, se halla casi en el confín entre la creación visible y la invisible. A esta última según el Credo que la iglesia profesa a la luz de la Revelación, pertenecen otros seres puramente espirituales, por consiguiente, no propias del mundo visible, aunque estén presentes y actúen en él. Los Ángeles constituyen un mundo especifico, con una función propia como todos, porque todo fue creado para El, todas las cosas del cielo y de la tierra las visibles y las invisibles”.
Planteaba Juan Pablo II, uno de los hombres más respetados del siglo XX, enseñando a viva voz decía que todo lo que pertenece a la creación según la Revelación entra en el misterio de la Providencia divina. Todo lo creado Dios lo conserva y lo dirige con Su providencia, extendiéndose de un confín al otro con su fuerza y gobernando con bondad todas las cosas, porque “no hay creación que no esté expuesta a la vista de él. Todas las cosas están desnudas y manifiestas a sus ojos” (Hebreos 4, 13). La Providencia, abraza, entonces, también al mundo de los espíritus puros, que aún mas plenamente que el hombre son seres racionales y libre en tanto que están, en el orden, mas cerca de Dios. La Providencia se reconoce, ante todo, como “la amorosa sabiduría de Dios”, que también se ha manifestado al crear seres puramente espirituales, por los cuales se exprese mejor la semejanza de Dios en ellos, que superan en mucho todo lo que ha sido creado en el mundo visible junto con el hombre, también él, “imborrable imagen de Dios que es espíritu absolutamente perfecto”, reflejado sobre todo en los seres espirituales que, por naturaleza, esto es, a causa de su espiritualidad están mas cerca de El que las criaturas materiales, por constituir casi el “ambiente” mas cercano al creador. Esta ubicación angelical ha inspirado la poesía y el arte de todos los siglos, que ha buscado fuente de inspiración en esta presencia de los Ángeles como “la corte de dios”. En la perfección de su naturaleza espiritual, los Ángeles están llamados desde el principio en virtud de su inteligencia siempre predispuesta a servir, a conocer la verdad y a amar el bien que conocen en la verdad de un modo mas pleno y perfecto que cuanto le es posible al hombre, a quien, sin embargo, sirven como propósito de la obra. Este amor servicial es el acto de una voluntad libre, por lo cual también para los Ángeles la libertad significa “posibilidad de hacer una elección” a favor o en contra del Bien que ellos conocen, esto es, Dios mismo. Creando a los seres libres, Dios “quiere que en el mundo se realice aquel amor verdadero que solo es posible sobre la base de la libertad”. Así pues, la criatura constituida a imagen y semejanza de su creador puede, de la forma mas plena posible, volverse semejante a Dios, que es amor. Creando a los espíritus puros, como seres libres, Dios, en su plan perfecto, no podía no prever también la posibilidad de crecer de los Ángeles; precisamente porque la Providencia, eterna sabiduría de amar, ubica en el crecer constante el definitivo bien de todo el cosmos creado. A este respecto, se debe decir también que los espíritus puros han sido sometidos a una prueba de carácter moral, que le fue conferido a manera de don antes que al hombre, de participar en la naturaleza divina por su libre elección. Así es que a la sublime capacidad de conocimiento de los espíritus puros de Dios ofreció el misterio de su divinidad, haciéndoles así partícipes mediante la gracia de su infinita gloria.
Los ángeles en cuanto criaturas puramente espirituales se presentan a la reflexión de nuestra mente como una especial “realización de la imagen de Dios”, en cuanto a que “Dios es espíritu” (Juan 4, 24). Los ángeles son, desde este punto de vista, las criaturas más cercanas al modelo divino, porque son, justamente, criaturas espirituales, que por su función de “mediadores” en las relaciones entre dios y los hombres, pueden adquirir un cuerpo y una voz. El ángel al servicio del hombre en su calidad de “mediador”, admira en este su perfección, porque al ser mitad-espiritual, contiene ambos mundos y resume en manera perfecta la creación divina. Y también admira en el hombre esa cualidad humana de hacerse humilde, en la sabiduría que entiende que en el orgullo está la perdición. Así es como los ángeles “toman parte” en el gobierno de Dios sobre la creación, como “poderosos ejecutores de sus órdenes según el plan establecido. A los ángeles están confiados todos los reinos vivos, vegetales, minerales y animal, en que hay un particular cuidado y solicitud especial para con los hombres”.
Juntamente con la existencia verdadera, de la fe de la iglesia católica reconoce ciertos rasgos distintivos de la naturaleza de los ángeles. Su fe puramente espiritual implica ante todo su ausencia de materialidad y su inmortalidad. Los Ángeles no tienen “cuerpo” (si bien se manifiestan también bajo formas visibles a causa de su misión en favor del hombre), y, por tanto, no están sometidos a la ley de corruptibilidad que une todo el mundo material. Jesucristo mismo refiriéndose a la condición angélica, dirá que en la vida futura los resucitados “no puede morir y son semejantes a los Ángeles” (en Lucas 20,36). Entonces, en cuanto a criaturas de la naturaleza espirituales los Ángeles están dotados de inteligencia y libre voluntad, como el hombre,”pero en grado superior a él”, si bien siempre finito por el limite que es inherente a todas las criaturas. Los Ángeles son, pues seres personales y, en cuanto tales, son también ellos “imagen y semejanza” de Dios. Los libros sagrados se refieren a los Ángeles utilizando también apelativos, no solo personales, como nombres propios (Rafael, Gabriel, Miguel...), sino, además, colectivos (Ángeles del mar, del viento...), y se puede decir que, por lo que está escrito, estos seres-personas angélicas se subdividen a la medida de su perfección y a las tareas que se les confía. Esto ha inspirado a autores como Santo Tomás para profundizar las investigaciones sobre la condición, la actividad y la estatura de estas criaturas puramente espirituales, tanto por su dignidad en la escala de los seres, como porque en ellos podía profundizar mejor las capacidades y actividades propias del espíritu en el estado puro, y sacar de ellos no poca luz para iluminar los problemas de fondo que desde siempre agitan y estimulan el pensamiento humano: el conocimiento, el amor, la libertad, la docilidad a Dios, en la consecución de Su reino. En todo caso, según la Revelación, los Ángeles están llamados a tener parte en la historia del hombre, en los momentos establecidos por el designio de la Providencia, siendo su tarea inmemorial la protección de los hombres, y se reconoce esta función protectora en innumerables episodios que rescatan los libros sagrados, en que se testimonia la solicitud angélica por el hombre, y que, si se lee por si sola es dudoso no quedar fascinado, tal cual San Agustín dice en sus “Soliloquios”: Todo tiene un sentido; todo tiene un fin; todo tiene un orden y todo deja entrever una presencia-trascendencia, un pensamiento, una vida, y, finalmente, un amor; de tal modo que el universo, por lo que es y por lo que no es, se nos presenta como preparación que entusiasma y embriagadora, de algo mucho mas bello y mas perfecto”. La visión cristiana del cosmos y la función en ella de los Ángeles es, pues, triunfalmente optimista y esta visión justifica la vida en su conjunto, porque en ella se apoya uno a otro el mundo espiritual y el mundo material.
El Papa Juan Pablo II ha insistido en que el ángel orienta siempre hacia Dios, hacia Su palabra, hacia su consejo y mandamientos. De los ángeles nos vienen las buenas resoluciones, la posibilidad de probar nuestro amor y fidelidad a Dios: “De este modo, El no atiende tanto a nuestras costumbres y a nuestros gustos personales, sino que orienta nuestras miradas hacia los grandes valores de la eternidad”. Es cierto que quien no vigila sobre sí mismo con cierto rigor moral, se impone al influjo del “mysterium iniquitatis” al que San Pedro se refiere, y que se identifica también con la inquietud del corazón.
La experiencia nos enseña a distinguir “la voz del ángel”, y el primer síntoma de oírla es que, justamente, escucharla no produce ningún temor. El hombre que cree en los ángeles no es temeroso, y se hace fuerte, porque la gracia es la defensa decisiva pues asume la inocencia un aspecto de fortaleza, y en los momentos de inquietud del corazón antes las decisiones, San Pablo ha dicho el quehacer: “No te dejes vencer del mal, antes vence el mal con el bien”. En el Evangelio de Mateo (5,37), se rescatan las palabras de Jesucristo que indican que debemos simplemente “decir si cuando es si, y no cuando es no”, porque lo que digamos de mas no viene del ángel que nos cuida.
La humildad, una forma de “hambre espiritual”, es una de las maneras para disfrutar de las influencias de los espíritus buenos; así, la soberbia, entonces, es un obstáculo. Los ángeles se manifiestan como los rayos solares de Dios, pero solamente a los que los aman, los invocan y se abren a su mensaje e influencia: a mayor necesidad del hombre, mayor actuación del ángel. El contacto con estos seres angélicos da un sentimiento de seguridad. No obstante, seria muy limitado ver solamente en el ángel una función de protección y vigilancia, porque tiene, además importantes misiones: sugerir, impulsar y dar claridad cuando es oscuro, y recibe la ayuda quien la busca, quien se abre al consuelo del cielo, y la tradición testifica unánimemente la existencia y auxilio de los ángeles en nuestra vida, auque la razón natural no puede probar su existencia. Sin embargo, entonces, se sabe: “los ángeles y los hombres son de diversa naturaleza. El ángel es espíritu puro, toda su naturaleza es inmortal y de cuerpo material corruptible; por ello, podemos decir: el ángel está mas ligado a Dios-espiritual; él hombre a Dios-hijo, al verbo, el hijo del hombre, Jesucristo. El ángel no esta sujeto a cambios, mientras que el hombre nace, crece y muere por causa de su naturaleza. Aun así, ambos son imagen de Dios; ambos fueron sometidos a una prueba en que, de libre voluntad, se decidieron por Dios o contra Dios, ya que la majestad de Dios no solo es amor sino también justicia; justicia donde se juzga las actitudes que en su opción libre, ha escogido el ángel y el hombre, cada uno de acuerdo a su propia voluntad. Entonces, los ángeles y los hombres del cosmos cristianos son de diversa naturaleza, pero tienen un mismo creador: Dios, y en esto el ángel y el hombre se emparientan: ambos vienen de Dios para volver nuevamente a Dios.
En todo caso, la invocación a los ángeles es hoy practica de lo más usual; en la oración para la bendición del submarino atómico “Iranio”, en 1995, para que este fuera usado en funciones beneficiosas a la humanidad, el sacerdote rogó a Dios “que mande sus ángeles para guiarlos”. En forma parecida se formulan plegarias al iniciarse una peregrinación o un viaje: “para que los fieles en unión con los santos ángeles lleguen sin accidente a su destino.” Aun así, es obvio que la negación o afirmación de la existencia de estos seres es tema de conciencia, y también tiene que ver con el alma de la época. Ya en 1968 (discurso el 12 de junio), el Papa Paulo VI dijo: “El Predominio de las cosas materiales y de las fuerzas naturales, la preferencia de la actividad necesaria y práctica, la totalmente nueva organización de la vida basada en las innumerables posibilidades ofrecidas por la técnica, todo eso subyuga y disimula la necesidad de la fe y de la religión, y es nada menos que una forma de materialismo. A este “espíritu tecnificado” se añaden, además, dificultades sicológicas: una cierta antipatía hacia todo lo abstracto o espiritual. El hombre moderno, por lo general, recibe su sabiduría por medio de los sentidos, mas la fe exige la actuación del espíritu, a través del cual, técnicamente, es capaz de acercarse a las realidades no perceptibles por medio de los sentidos”. Mucho tiempo antes, Santo Tomás de Aquino, luego de haber escrito muchas páginas referentes al mundo angélico, confiesa:
“No seremos capaces durante esta vida de entender la esencia o naturaleza de los ángeles. Su sustancia es mil veces superior a nuestra inteligencia... Aunque sean maravillosos los descubrimientos de las ciencias naturales, también es verdad que Dios utiliza a los santos ángeles en sus intervenciones en el mundo natural. Ellos parecen ser los brazos y manos de Dios.” (“Suma Teológica”). En nuestra época, el investigador alemán Johannes Wagner dice (en “Discurso sobre los ángeles”): “...si la actualidad se aparta del mundo invisible, ello no significa ningún progreso para la humanidad. Si el hombre actual carece del conocimiento acerca de la existencia y el poder de los ángeles, no quiere decir que esta existencia y este poder se va a eliminar, por el contrario, el espíritu humano se empobrece y se debilita, se pone en grave peligro y se despoja de una poderosa ayuda al negar esta realidad. El poder de los átomos existía desde mucho tiempo antes de que el hombre empezara a descubrir sus misterios. También los ángeles con su poder existen, independientemente de si los hombres los aceptan o no.”

Hay que decir que varios eminentes papas modernos han reconocido los beneficios de la comunión con los ángeles. Pío Xl (1922-1939) reconoció públicamente que le rezaba cada día a su Ángel de la Guarda y buscaba su ayuda. Pío XII (1939-1958) declaró en una encíclica, en 1950, que uno no debía cuestionarse si los ángeles eran “seres reales o no” y que de hacer eso, esa duda minaría la doctrina de la Iglesia. Juan XXIII (1958-1963) siguió el consejo de Pío Xl y buscó el consejo del Ángel Guardián, quien, como le confió a su secretario, le inspiró el momento oportuno para convocar el Concilio Ecuménico Vaticano II, en 1962, que fue la cúspide de su reinado. En 1968, Pablo VI bendijo el Opus Sanctorum Angelorum. un movimiento destinado a renovar y a fomentar la creencia en los ángeles que apoyan a los hombres “para mayor gloria de Dios, la salvación de la Humanidad y la regeneración de toda la Creación”.


Debemos aquí anotar que también este brote de adoración a los ángeles en la vida nuestra de cada día ha producido malestar en algunos sectores de la Iglesia Católica. Uno podría pensar que este renacimiento de la figura del ángel en la conciencia del hombre de la calle a partir del siglo XX habría de caer en gracia a todas las autoridades católicas. Pero, por extraño que parezca, no ha sido así. De hecho, el mundo del clero se ha visto perturbado por la cuestión de la existencia, o mejor, por el recordatorio mismo de los ángeles. Algunos curas han llegado a sugerir que los ángeles están “fuera de contacto con la realidad” y que, por lo tanto, ponen en peligro la creencia en los evangelios. Para buena parte de ellos sería mejor para todos que desaparecieran de la liturgia, de los sermones y hasta de la conciencia pública. Algunos curas dicen que los ángeles hoy día no nos acercan más a Dios, sino que atraen el interés a su propia devoción, a expensas de la del Creador. Quienes les refutan, incluso si los ángeles representan sólo el tremendo poder de curar, de manifestar el amor, de realizar buenas obras dentro de nosotros mismos, entonces nos corresponde fomentar ese potencial. Porque aunque los ángeles no hicieran otra cosa más que enseñarnos a oír nuestra intuición y a escuchar la voz del Dios interno, deberíamos prestar oídos a sus susurros.

Así también, al margen de aceptar o no la existencia de los ángeles, esta investigación también pretende contar con qué aspecto se aparecen los ángeles según quienes le han visto, qué carácter revelan y cuál es su modo de obrar. Espero que el desarrollo de este trabajo muestre que valía la pena plantearse la cuestión.

(c) Waldemar Verdugo Fuentes.
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LA MISION DEL ANGEL.

LA MISIÓN DE LOS ANGELES.
(Sus Funciones y El angel de la Guarda)
Por Waldemar Verdugo Fuentes.

Escuelas judeo-cristianas, a través de miles de años, han incorporado a su estructura toda una teología sobre los ángeles. Es así como visiones de seres angélicos se hacen habituales entre los antiguos profetas hebreos. Amos los vio; también Zacarías, Ezequiel, Tobías y (desde luego) Isaías. A veces los profetas solían actuar en forma extraña, como locos, y decían ser inducidos por ángeles. Así, Isaías, por ejemplo, se dice que predicó desnudo durante tres años. En las anotaciones al margen de la Biblia de Jerusalén, se explica que “en el curso de estas actuaciones o fuera de las mismas, los profetas se conducían a veces de un modo extraño, y podían pasar por estados psicológicos anormales.”
Como nuestros chamanes americanos, los profetas entraban en trance, el que también érales provocado por el contacto con ángeles. Y no terminaron estas visiones con el advenimiento de Jesucristo; al contrario, se podría decir que las instituciones angélicas, desde entonces, pasaron a ser patrimonio de la Iglesia cristiana, y, para esto, basta remitirse a la Biblia, que está escrita medularmente inspirada por visiones angélicas, que, desde un comienzo, son considerados mensajes de Dios; de aquí que el otro nombre por excelencia de los ángeles sea el de “mensajeros”.
En 1995, una encuesta de la revista norteamericana “Time”, con un espectro de varios millones de lectores, comprobó que un 68 por ciento de los estadounidenses cree en la existencia de los ángeles. El informe, casi sin excepción, es similar en el resto del mundo de la época. Además de cierta convicción muy particular, quienes creen se apoyan en que la totalidad de las escrituras y otras referencias que se han conservado de la antigüedad afirman su existencia, y también ocasionales actuación entre nosotros.
La célebre investigadora Annie Besant decía que, “a los ángeles no se trata de adorarlos, lo cual sería impropio, sino de amarlos.” Se diría que un acto ritual dedicado a ellos, es una manera de indicar que estamos agradados de su presencia: es un acto de alegría. Nada más. Para los creyentes los ángeles son seres reales, que, en una u otra forma trabajan con los hombres en la creación de nuestra civilización, fuera del ámbito de visión corriente de los historiadores, En realidad, no se contraponen a ninguna religión formal; más bien, complementan. Para quien cree en la existencia de seres espirituales, no corporales, que se pueden ver en ciertas ocasiones, llamados habitualmente ángeles, es una verdad de fe. En particular, la existencia del ángel de la guarda, por ejemplo, la iglesia Católica la funda en un pasaje del Evangelio de San Mateo: “Cuidado dice el Señor hablando de los niños con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de su Padre”. Por ello instituyó una fiesta especial en su conmemoración: el día dos de octubre. Las iglesias protestantes admiten por razones bíblicas la existencia de los ángeles, aunque los excluyen de toda participación en la protección de las almas.
Por lo demás, según lo que se sabe de cierto, todos afirman que la misión de los ángeles es ayudar a los hombres en su evolución. A diferencia de nosotros, los ángeles no tienen libre albedrío, y solo pueden intervenir si nosotros los invocamos a pedimos su ayuda. Ya que los ángeles en el cosmos fueron creados como funciones: no son superiores al hombre, están a nuestro servicio, y actúan como reflejo del origen divino común. Por ello, nunca se endiosa a los ángeles ya que esto los aleja. En todo lo que se sabe, al único que se adora es a Dios, Así, por ser el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, los ángeles están siempre dispuestos a acudir a nuestro llamado. Por lo demás, todas las escuelas de hoy están de acuerdo en que convocarlos es de lo más fácil: basta que ese sea el deseo del corazón.
Solo Dios sabe cuántos ángeles pueblan la corte celestial. La Biblia afirma que su número es enorme e indica que existen varias clases, de acuerdo a la tradición judía. Hablan de jerarquías angélicas el profeta Ezequiel, Isaías, San Pablo, pero sólo en el siglo IV de nuestra era Dionisio Aeropagita, en el Libro de la Jerarquía Celeste, establece la sociedad angélica tal cual hoy se conoce, ordenada según su mayor proximidad a la divinidad; cada uno, con sus funciones especificas y para convocarles asistencia en distintas situaciones. Son nueve coros:
SERAFINES: los más cercanos a Dios en este orden. Se dice, por tradición, que San Francisco de Asís recibió iluminación por parte de uno de ellos. Se los describe con seis pares de alas, que están cubiertas de ojos. Las alas las utilizan para protegerse, ya que al estar tan cerca de Dios, Su luz los quemaría si no lo hicieran. En el capítulo sexto del Libro de Isaías hay una descripción de estos ángeles:
“El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el templo. Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y uno grita hacia el otro: ¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de Su gloria”. Si entran en contacto con los seres humanos es para acercarlos al camino por la impresión inmediata del amor. Por estar junto a Dios son los ángeles del puro amor, y como tales, en su momento, también se hacen ángel de la Guarda: Tiene, entonces, que dejar su elevada posición delante del trono de Dios, donde le servía en plena felicidad, para descender y asumir la humilde condición de mensajero, acompañando al hombre para su servicio en el camino de la vida. En esta tarea aparentemente incapaz debe sin coartarlo, ayudar al hombre cuando éste requiera su ayuda, pudiendo incluso intervenir en la naturaleza pero nunca en el camino que el hombre desea seguir, porque, sabemos, al ángel le esta prohibido violentar la libre voluntad humana. Solamente a partir de esta nueva tarea, es como los serafines reconocen verdaderamente la bondad de Dios, al permitir el amor en la frágil criatura humana, a la que aman por ser imagen y semejanza de Dios. Los querubines pueden hacerse, incluso, ángeles de la guarda, que son los ángeles mas cerca al hombre y más lejanos de Dios. El motivo que los ángeles de la Guarda no formen un coro aparte es debido a que su misión es un cargo honorífico: Dios permite a todos los seres superiores de Su creación que puedan ejercer de ángeles de la Guarda del hombre, que es una criatura mas preciada por lo efímero de nuestra vida que siempre desemboca en la muerte. Entonces, se sabe que para lograr la protección de un Serafín, basta que este sea el deseo del corazón.
QUERUBINES: son los encargados de custodiar los lugares sagrados creados por Dios en la existencia. En nuestra arte plástica aparecen representados como niños con alas. En el relato bíblico son querubines los que custodian la entrada al Edén, y el acceso al árbol de la vida, y también son querubines los custodios del Arca de la Alianza. La vibración que emana de los querubines es la de la sabiduría: ellos siempre saben a quién dejar pasar. Comúnmente se les convoca para todo tipo de trabajo artístico o creativo, basta para comunicarse con ellos la intención del corazón, es decir, desear hacerlo. Ellos son los ángeles del poder de la sabiduría, En el Antiguo Testamento se afirma que los querubines (en los Salmos 18, 80 y Ezequiel 10) “sostienen el trono de Dios”, “arrastran Su carro”, “le sirven de montura”... el nombre es de origen mesopotámico (kerúbim) y probablemente está relacionado con el acádico káribu, kuribu, una divinidad de segundo orden, representada originariamente como hombre, dotado luego de alas y con los distintivos del águila, del león o del toro, que aboga por los hombres ante las divinidades superiores. Se les identifica en la plástica egipcia con sus alas extendidas protegiendo un cofre sagrado o un sarcófago. En Asiría son esos colosos alados en forma de león o toro con rostro de hombre, apostados como guardianes a la entrada de los templos. En el Libro de los Reyes (1,6, 23-28) se dice que resguardan el sancta sanctorum del templo de Salomón. En el Libro del Éxodo se afirma que Dios se manifiesta comúnmente entre ellos, al extremo de llamársele “el que se sienta en los querubines” (Éxodo, 25,22... y en el Libro de Samuel, 4,4, y en Salmo 99,1). Esta representación está desarrollada de manera grandiosa en el Libro de Ezequiel (I, 10), cuando el protagonista ve cuatro querubines de especie ígnea, cada uno con cuatro caras: de hombre, de león, de toro y de águila; con manos de hombre, con pies y alas, llevando el carro en que se sienta Dios. Los querubines, entonces, conducen la sabiduría y en nuestro camino de aprendizaje humano contamos con toda la información que de ellos deseemos recibir, pero está en el hombre la decisión de pedirla, esto es a nuestro libre albedrío.
TRONOS: son los ángeles de la vida que viene de Dios. Los tronos conocen inmediatamente las razones de las obras divinas o del sistema de las cosas. Al tener acceso a la razón de la vida, su poder es inmenso y es la razón de que se les represente como grandes ruedas o carruajes de fuego. Su descripción aparece en el capítulo primero del Libro de Ezequiel, y en el ascenso del profeta Elías al cielo, “arrancado por un carro de fuego” (Reyes II-2:11). Representan a la fuerza de permanencia en vida, por lo que se pueden convocar cuando las fuerzas flaquean. Basta con desearlo desde el corazón,
DOMINACIONES: son los ángeles médicos Como “sanadores”, en el amor de Dios transmiten su propio espíritu, y hasta el final de los tiempos alcanzar la victoria de la justicia en lo que se conoce, Son responsables de cuidar las estrellas, planetas y elementos. Y se los representa con ropas blancas y alas color de tiza. Se los convoca para solucionar problemas de salud, y también como guías en el inicio de disciplinas que tengan que ver con lo físico o con lo espiritual.
VIRTUDES: en nuestra plástica se les identifica como caras con dos alas. Son lo más excelso: la luz de una sonrisa. Y actúan, cuando se les convoca, en forma inmediata. Son los “ingenieros de milagros”, y acuden al instante en situaciones de peligro. Son los que ejecutan las órdenes de los ángeles superiores, más veloces que el rayo. Están siempre donde se practica la fe, la esperanza y la caridad.
POTESTADES: son los ángeles guerreros. Se los representa con lanza, escudo y casco y su función es el bien hecho que debe mantenerse para uso del hombre, como el curso de los ríos en su cauce natural o la vivienda. Lo que hace su trabajo titánico, debiendo recurrir a todo tipo de artefactos mecánicos para ayudarse, lo que los convierte por excelencia en ángeles protectores de los hombres, inventores por naturaleza primigenia. Sin embargo, no pueden alterar lo que el hombre disponga en su libre albedrío: les está prohibido intervenir en el orden que damos a las cosas que crea nuestra civilización. Sólo intervienen en la materia por orden de Dios, que, en este orden, las Potestades también pueden convocarse para liberar a una persona de entidades o formas de pensamiento negativas. El poderío de estos ángeles es enorme en el bajo astral (que es todo aquello que distrae la evolución del hombre), donde pueden destruir sin dejar rastro. Se dice que cuidan todas las grandes ciudades, y cuando ocurre un desastre natural, como los terremotos, actúan abiertamente sin que nadie se los pida, por su puro instinto de ayuda en la emergencia. Ellos llevan las leyes de Dios al interior de la creación, y su actuar inmediato en la necesidad humana lleva la alianza de Dios con los hombres.
PRINCIPADOS: viven entre nosotros. Se los representa como seres muy altos, sin ninguna otra diferencia física con el hombre. Su periodo de vida es el mismo que nosotros, pero no tienen libre albedrío. Se relacionan con todo lo que signifique crecimiento de nuestra naturaleza. En cada parto hay por lo menos un Principado, y pueden convocarse para que estén con su protección en los actos arriesgados. Por su naturaleza especial, saben todo lo que pasa en el corazón de los hombres. Aunque en la misión que tienen, también se ocupan de la evolución de las especies inferiores al hombre. Son los administradores de la creación, los continentes y países, nubes, vientos, estaciones, la piedra y la madera, todo lo que sea materia de construcción en la tierra o el individuo con sus facultades y su aspiración de una vida mejor.
ARCANGELES: a diferencia del resto de los ángeles, ellos tienen libre albedrío como el hombre. Y pueden ser convocados o aparecer sin que se los convoque. Son por excelencia los mensajeros de Dios y siervos especiales de María Madre de Jesús. De muchos de ellos se conocen los nombres, porque se les ha convocado desde el comienzo del hombre. El Libro de Henoch da los nombres de Raguel, Saraqael, Zutel, Rafael y Fanuel. El Apocalipsis enseña los nombres de Esdras, de Gabulethón, Aker, Arphugitonos, Beburos y Zebuleón. Se suman después los de Surjan, Urjan, Uriel, Arsjalajur, Metatrón y otros. Según el apócrifo El Pastor de Hermas, él ángel que cuida a los animales se llama Thegri, El Concilio de Roma del año 745, y el de Aquisgrán del 789 rehusaron todos los nombres de ángeles, salvo los de Miguel, Gabriel y Rafael.
Miguel Arcángel en su nombre expresa la actitud esencial de los espíritus buenos. “Mica-El” significa: “Quién como Dios”. Aparece en el Libro del Apocalipsis como el jefe de los ángeles que combate al que se opone desde la oscuridad. Se le convoca como protector y limpiador de energías negativas, lo que ocurre por su sola presencia que puede ocurrir en cualquier momento y lugar. El Príncipe de las milicias celestiales ha recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes tenebrosos. Por eso, se le conjura pidiendo, antes que nada, que nuestro corazón se haga humilde, fiel para cumplir inquebrantable la voluntad de Dios, y fuerte en el sufrimiento y las necesidades. Miguel Arcángel actúa como defensa perenne de la verdad. Defiende y protege la obra humana y el deseo de la Madre Universal en lo que existe.
Gabriel Arcángel en su nombre significa el “poder y fuerza es Dios”, siendo su misión la ayuda para superar cualquier obstáculo que enfrente el hombre, a quien sirve viendo en él, al igual que todos los ángeles, “la faz del Padre que está en los cielos”. Se le vincula, sobre todo, al misterio de la Encarnación del hijo de Dios en el hombre. Por lo que se le une al corazón mismo de la creación. Dios hecho hombre es el signo supremo del Padre omnipotente; Gabriel Arcángel es quien anuncia a María el nacimiento de Jesús.
Por ello, se le convoca en particular requiriendo su intersección por los niños, de quienes se ocupa sin que por ello deje de actuar en las otras edades del hombre. Es quien abre nuestros ojos y oídos para captar los signos y llamamientos del Corazón de Dios. Nos ayuda a comprender correctamente la Palabra y nos hace vigilantes. En él se aplica a la perfección el “Hágase contigo según has creído” (Libro de Mateo, 8:13). Se puede señalar su servicio para nuestro progreso con las palabras: purificación, iluminación, unión.
Rafael Arcángel se aplica a “la medicina que viene de Dios”. El nombre “Rafa-El” significa: “Dios cura”, o sea, todo es sanable en lo que se ve y lo que no se ve. El cura en el ámbito cósmico, o sea, lo que sana nunca más sufrirá daño en lo que se sabe, por lo que desempeña un oficio protector admirable. Cura la ceguera física y espiritual (según un manuscrito del siglo Xl), “porque es médico de las almas y los cuerpos. Ilumina los ojos del espíritu y del cuerpo, apresurándose a apartar las tinieblas que oscurecen los ojos y los corazones”. Cuando se le convoca, se le pide que no mire tanto el deseo cuanto el bien del alma, porque es el conductor por excelencia entre los ángeles: es hábil a través del desierto, es luz que muestra el camino, escudo cuidadoso, guía. Rafael es enviado delante de Tobit siervo de Abraham, a quien cura su ceguera y ayuda a su hijo Tobías a encontrar esposa y le conduce. El relato, consignado en el Libro de Tobías, que procede de finales del siglo III antes de nosotros, muestra cómo Dios recompensa la piedad de su siervo Tobit al enterrar a los muertos, y cómo su hijo es acompañado en su viaje por Rafael, y consigue esposa. En el capítulo 12, 11-21, el ángel dice: “Os voy a decir toda la verdad, sin ocultaros nada. Ya os he manifestado que es bueno mantener oculto el secreto del rey y que también es bueno publicar las obras gloriosas de Dios. Cuando tu y Sarra hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones. Y lo mismo hacia cuando enterrabas a los muertos... También ahora yo les digo: “No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecid a Dios por siempre. Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacía vosotros, sino por voluntad de Dios, A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar.”
ANGELES: de los otros seres creados por Dios, los más cercanos al hombre son los ángeles propiamente tales, que suman millones. Los ángeles de la Guarda pertenecen a estos millones de ángeles. En América, desde los tiempos antiguos se admiten ángeles de la Guarda de uno y otro sexo, y se cree que cada hombre tiene constantemente a su lado a un ángel que lo guarda e inspecciona nuestras acciones; creencia común en el mundo antiguo, que aquí tratamos al final. De la apariencia original de los ángeles, se sabe que son luz. Nada más. Sólo se conoce la apariencia del ángel de la guarda, que es a imagen y semejanza de nosotros mismos, tiene la forma de nuestro reflejo en el espejo. Los antiguos le daban la silueta de nuestra sombra individual, que, como el ángel, no tiene libre albedrío y nos sigue donde vamos. Si bien, entonces, sólo el hombre tiene libre albedrío, el ángel que nos guarda en nuestras acciones puede ver de inmediato actor, causa y efecto; atributo de su misión protectora. El estado de ánimo básico del reino angélico es la alegría, ya que los ángeles viven en estado de gracia, en contacto permanente con la fuente; es por ello que, se sabe, la risa optimista que ve siempre el lado positivo de las cosas agrada a los ángeles. Desde la dimensión de los ángeles todo es simple y perfecto, no existen ni buenos ni malos, no hay tiempo ni espacio, y su función última es ayudarnos a trascender la dualidad con el menor sufrimiento posible. Para convocarlos, se hace como esta escrito: “Pedid y se os concederá, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”
Así como sucede que una tribu del Matto Grosso aislada del mundo, al ver por primera vez un robot cree que está ante un ser extraño, para nosotros es claro que los constructores del robot conocen leyes y naturaleza, así nos podemos sentir nosotros respecto al conocimiento del mundo Angélico. En varias páginas de la Biblia se afirma que Dios nos promete Su ayuda y protección por medio de los ángeles. Como en el Salmo 90, que habla del poder de los ángeles sobre el mundo material como de su influencia en la vida del hombre. Así, los ángeles tienen influencia en nuestro mundo, en nuestra mente, nuestra memoria y nuestros sentidos; se preocupan de nuestras cosas, de protegernos y de conducirnos cuando así lo deseamos, porque, sépase, los ángeles no pueden influir directamente en nuestro entendimiento y voluntad. Eso solamente Dios lo puede.
En cuanto que el alma acepta a los ángeles recibe un aumento de sus capacidades. Como el astrónomo puede ver por medio del telescopio, así el ángel sirve al hombre: aumentando conocimiento y amor. Además, el solo hecho de aceptar alguien mejor, nos hace más humildes y cercanos a la Gracia de Dios. En todo caso, se sabe que los ángeles -creer en ellos- amplían las capacidades naturales.
Bien es que en este mundo nunca entenderemos la esencia de los ángeles, pero podemos llegar a comprender sus actuaciones, porque, si nuestra vista es limitada, no obstante somos lógicos: si algo nos hace bien, lo sabemos. El permitir el contacto de los ángeles con nosotros es una medida de participación en la perfección de la vida; es luz, calor y claridad que da brote.
Fuera del ámbito de visión corriente de los historiadores, varios investigadores coinciden en afirmar que los ángeles son seres reales, que de una u otra forma han trabajado con los hombres codo a codo en la creación de grandes civilizaciones; y es posible (ya que la historia se repite) que no esté lejano el día en que esa comunicación y cooperación se restablezcan para mutuo beneficio. En el pasado la cooperación entre ángeles y hombres pudo ser estrecha. Creo que el objetivo principal de esta cooperación es la elevación de la raza humana y el cumplimiento de la misión de los ángeles, cual es la de ayudar al hombre en su quehacer diario. Y creo que la finalidad de esta fraternidad radica en conducir a ángeles y hombres por medio de una colaboración estrecha hacia la perfección del cosmos. Entendiendo que ángeles y hombres son dos ramas de la infinita familia de Dios, que en general va siempre evolucionando.
Hay investigadores que los ubican relacionados con las más diversas actividades humanas, y siempre dispuestos a cooperar, exigiendo que quienes invoquen su presencia concentren todas sus facultades en desarrollar cualidades de pureza, sencillez, rectitud e impersonalidad. Y la relación con ellos es de inmediato práctica y beneficiosa. Siendo la cooperación que estos ángeles comunes prestan también definida de acuerdo a las divisiones de su oficio como protectores y ayudadores, entre quienes, en una mínima descripción, también podemos citar:
ANGELES DEL PODER: enseñan a liberar la profunda energía espiritual que posee el hombre en su ser mas profundo; ayudando a salir lo que late dentro de uno, colmando, moldeando, inspirando y fortaleciendo toda actividad humana, al hacer práctica esta fuerza que generalmente duerme en el hombre. Las ceremonias humanas atraen siempre su atención, y cuando se las realiza correctamente en la intención del corazón y en la liturgia, proporcionan un cauce que da curso a esta fuerza que es energía ardiente. Los ángeles del Poder están presentes en todas las ceremonias religiosas, siendo el lugar y el momento para convocarlos.
ANGELES DE LA SALUD: están encabezados por el Arcángel Rafael, quien es el único entre ellos que puede actuar libremente, porque la generalidad de los ángeles de la Salud están incapacitados de ayudar si no se les pide; pero cuando se acude a ellos llevan adelante su obra continuamente y por lo general actúan desde que los solicita el enfermo mismo, y si este está incapacitado de hacerlo, debe venir la solicitud de alguien que ame al enfermo: nada mas es necesario que la intención de convocarlos, porque su presencia junto a los lechos de los enfermos es un hecho real: suman millares estos ángeles ubicados junto a enfermos en sus hogares o en hospitales, en los umbrales espirituales y mentales, dispuestos a actuar, porque ellos pueden sanar tanto el cuerpo como la mente enferma.
ANGELES GUARDIANES DEL HOGAR: gustan de la vida domestica humana; ellos disfrutan participando de la horas de trabajo y descanso; se encariñan con los niños y sus juegos; gozan de la atmósfera feliz del hogar y viven en medio de las familias. Procuran proteger los hogares humanos apartando toda influencia peligrosa, todo conflicto, toda enfermedad. Prestan oído a los rezos que hacen las personas en sus casas, en especial las oraciones nocturnas infantiles y las oraciones matinales de los adultos, aunque siempre están atentos a acudir en ayuda. Ellos prestan oído a nuestras peticiones hogareñas y las retransmiten al Señor y vivifican todo pensamiento de amor humano sumándole algo de su amor y su vida. Prestan ayuda al anciano y al enfermo solo, haciéndose efectiva esta ayuda con su sola presencia.
ANGELES CONSTRUCTORES: son quienes dirigen la evolución en todos los mundos, la modelan según lo establecido y se afanan siempre por mejorarla, perfeccionarla y vigorizarla. Ellos ejercen su influencia en toda chispa inmortal nacida en los mundos del pensamiento, del sentimiento y de la carne, al igual que en todo brote, planta, animal, globo y universo. Clasificados de acuerdo a niveles, estos constructores trabajan individualmente en el que les corresponde y así los inferiores ejercen su influencia en los brotes y los superiores en los mundos. Hay ángeles constructores de la forma externa de los hombres, del cuerpo, y de los otros seres con forma física que existen. Están presentes en todo nacimiento, en forma invisible e ignorada, es cierto, pero bastaría con abrir mas los ojos para verlos. Ayudan especialmente a las mujeres cuando se hacen madres, aunque esta no se los pida ni crea en ellos. Para estos ángeles cada niño que nace es como una corte: potencian a cada hombre para que sea un caballero y a cada mujer para que sea un drama. Están siempre donde hay un acto de cortesía porque, en esencia, afirman con su trabajo que todos deben tratar a los demás con cortesía, honrando en cada uno su estirpe real, su regia esencia humana, porque todos los hombres llevan sangre de monarca: todos somos hijos del Rey. Y como tal debemos comportarnos, que no es noble el que hereda un titulo: es noble quien se comporta como tal, quien olvida que es hijo del Rey.
ANGELES DE LA NATURALEZA: viven y trabajan diseminados en los elementos que conforman la vida. Están por doquier en torno a las moradas humanas, en árboles, flores, piedras y nubes, incluso en el fuego y las aguas. Ellos animan todas las formas y supervisan las cuatro estaciones. Pero actúan por reflejo del pensamiento humano: producen terremotos, tempestades e inundaciones cuando la índole de la vida humana así lo genera. Si los hombres recabaran su ayuda sabrían controlar todos los caprichos y fenómenos de la naturaleza, porque la naturaleza actúa como por si misma en el designio misterioso divino. En todo caso, hay una ley vigente sobre el clima y los cambios atmosféricos y los ángeles de la naturaleza son meros agentes de esa ley. La mejor forma de recibir la ayuda de ellos es preservando el medio ambiente natural al hombre: donde hay un hombre cuidando un huerto, o sembrando flores, de segundo que hay uno de estos ángeles aliviando su labor.
ANGELES DE LA MUSICA: son manifestaciones del Verbo Divino creador, expresiones de la voz de Dios. Y su resonancia se expande en la totalidad de lo creado, por este se dice que están en todas partes como un eco desde el primer sonido que brotó con el mundo. Su voz parece las olas del mar. Desde el centro del universo, como enorme marejada, surge su canto en esplendorosas olas sucesivas contestando al verbo en un orden tras otro: propagándose su influencia hasta los confines del universo. La creación jamás cesa. La voz de Dios se oye constantemente, apresando los panoramas del espacio extra universal, de las ideaciones cósmicas. El habla y Narra con Sonidos Su Visión: al expresarla, la hace salir y la modela como forma en el Universo. Ante Su voz los ángeles de la música brotan de Sus labios para hacerse agentes del sonido y tal es el poder que ejercen, tal es su grandeza, porque el sonido todo lo abarca, incluso el color, que es puro sonido. Así, estos ángeles son la expresión de los colores y cantos dentro de los lindes de nuestro Universo, que es como un gran órgano pulsado por lo absoluto. Así es como estos ángeles, los gemelos portentosos (el color musical) ingresan en las limitaciones del tiempo y el espacio terrestre. Los ángeles de la Música tienen por misión hacer descender hasta los oídos humanos la voz de Dios, esta radiación infinita, esta marejada de millones de planetas, para que todos, incluidos plantas, minerales y animales, puedan escuchar Su voz y, al percibirla, la obedezcan. Todos los sonidos que se escuchan en la tierra son un eco de su voz y todas las luces, de cualquier color que sean, provienen del brillo deslumbrante de Sus ojos. No es posible hacer descender a estos ángeles hasta el yo-infierno: para verlos y oírlos es menester elevarse hasta su mundo mas alto que el nivel medio, lo que se consigue, por ejemplo, a través de una melodía o la simple risa humana, que eleva al hombre a emitir un sonido perfecto agradable a todos. Ellos necesitan los oídos y corazones humanos para sintonizar el mundo. Para ellos, todos somos instrumentos y cada facultad mental o afectiva, una cuerda. Vigilan ansiosos cada razón recién nacida y ven en ella una promesa de nuevos instrumentos, mayor expansión tonal, otro cañón de órgano, para responder a la Voz de Dios. Estos ángeles ven la unidad de todo; saben que cada parte es fragmento de un gran instrumento en el que Dios ejecuta cuanto oye mas allá de los reinos temporales y espaciales. Mediante este instrumento, mediante toda Su múltiple música, late Su corazón, tiene lugar el ritmo del pulso universal. Todos los desplazamientos estelares, la iluminación y oscurecimiento de los soles, el nacimiento y muerte de los planetas, la evolución racial, las olas que rompen contra la playa, el surgimiento y hundimiento de los continentes, la fusión de los mares polares, el latido de los corazones humanos, la germinación de la semilla, todo responde al ritmo del corazón palpitante de Dios.
ANGELES DE LA BELLEZA Y EL ARTE: estos ángeles han visto la belleza de Dios, y han incorporado esta en si mismos, por lo que en el mundo de la forma asumen el deber de ayudar a las formas para que plasmen todo sin perder de vista la belleza del modelo al que se ajusta Su obra. Cuando mayor es la densidad en que Dios Se limita, mas honda se oculta Su belleza. De aquí que la belleza física ese efímera, porque es solo externa. Estos ángeles tratan de moldear el crecimiento y las formas acabadas en afán de que el hombre vea mas el sentimiento que el cuerpo por fuera. Así como los ángeles de la Música son la Voz de Dios, los ángeles de la belleza son la Mano de Dios. El hombre siempre aspira a la belleza y trata den igualar su propia obra a la obra de Dios aspirando a Su Mano: he aquí la razón de las artes en general: un afán de belleza. Pero el arte humano se recrea, es cierto, cada vez que un espectador lo admira. En cambio la belleza divina está siempre sometida a la ley del cambio y día a día crece en esplendor. En la naturaleza siempre se ve la Mano de Dios; porque en si misma la Belleza no nace ni muere: es eterna y cambia como las estaciones del año. La belleza verdadera es siempre nueva: esta es la señal que permite distinguirla de la falsa. La belleza falsa (producto de los yo-inferiores) no cambia, está fija y como todo lo que está fijo en un universo que no cesa de crecer, es vieja desde que nace. Así, debido a que el movimiento impregna todo el universo, la verdadera belleza deberá sugerir movimiento. Un cuadro muerto no es bello aunque la muerte no carezca de belleza. La belleza es alma de todas las cosas naturales y yace oculta en toda virtud y, en especial, en el amor. No se necesita otra ley, ni hay otra virtud tan grande como el amor a la belleza, porque esta es la esencia de todas aquellas cosas. Toda ley que se dicte, todo estatuto que se ponga en vigencia ha de responder a esta pregunta: “¿Será bello el resultado?” Este es el ideal con que el ciudadano medirá su conducta y sus deberes para con el estado. Así, de una sola ojeada, el hombre artista-pueblo (porque el arte es patrimonio del pueblo) del mundo puede evaluar el merito de gobiernos y reyes. Un buen gobernante o rey es aquel que dicta leyes cuyos resultados son bellos para el pueblo. La medida de la fealdad de una nación será la medida de los errores de su gobierno: la medida de su belleza, como la de la verdadera majestad de su rey, será la del progreso realizado. Estos ángeles proclaman, entonces, que habrá de moldearse los pensamientos, los sentimientos y la carne. Ellos trabajan cooperando en la tarea de fabricar una raza humana. Porque estos ángeles, como todos los antes citados, son, en primer lugar, servidores del hombre, cooperadores en la medida en que el hombre lo solicita o por la simple gracia y el cumplimiento de la ejecución del Plan que une a ángeles y hombres en cuanto a que ambos son hijos de Dios.

EL ANGEL DE LA GUARDA: En todos los libros sagrados antiguos e innumerables publicaciones posteriores se narran historias de ayuda y protección por medio de los ángeles, con los más diversos nombres. Proclaman que el Bien siempre vence al Mal. Ellos influyen en la mente, en la memoria y los sentidos, se ocupan de iluminar, protegernos del mal y conducirnos al bien; sin embargo, no pueden influir directamente en nuestro entendimiento y voluntad. Eso solamente Dios lo puede. En tanto que el alma está unida con los ángeles, reciben un aumento de sus capacidades. Como el astrónomo puede ver más por medio del telescopio, así el ángel da al hombre un aumento de conocimiento hacia dentro y una ampliación de las capacidades naturales hacia fuera, y de amor hacia su interior y a su exterior. Bien es que en nuestro mundo nunca entenderemos la esencia de los ángeles y así comprendemos muy poco sus actuaciones, porque estamos limitados; no obstante, dice Santo Tomás de Aquino que esta influencia es manifiesta claramente en el llamado ángel de la Guarda, propio e individual de cada ser: “Los ángeles al tener contacto con los hombres, los hacen participar un poco de su propia perfección. El Santo Ángel irradia luz, valor y claridad. Estar unido al ángel de la guarda nos fortalece, nos purifica y nos hace mejor en todo...”
A partir de la Biblia el más popular de estos mensajeros, sin duda, es este llamado ángel “de la Guarda”, cuya misión es acompañar al hombre con su dulce compañía y no desampararlo ni de noche ni de día. Leemos que dice Dios (en éxodo 23, 20 y siguientes): “Yo mandaré a un ángel ante ti, para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas, porque no perdonará vuestras rebeliones y porque lleva mi nombre.”
El Éxodo fue escrito por Moisés en el Desierto el 1512 a.n.e y la tradición del ángel llamado “de la Guarda” se arrastra desde entonces. Tal revelación, por tanto, dice que Dios, hablando así, afirma sin ninguna duda que este ángel tiene como única misión el servicio y defensa del hombre ante lo que sea. También esta revelación devela la confianza que Dios deposita en el ángel que guarda al hombre, al mandarle proteger, amonestar y preparar nuestro camino, al presentarlo como portador de Su propia autoridad. Las palabras del Éxodo no fueron dirigidas a un individuo aislado sino a todos los hombres, lo que explica al ángel de la Guarda como símbolo de asociación del amor divino y nuestra humanidad. He aquí la razón de que este mensajero sea el más popular y conocido del hombre desde niño. Porque representa la absoluta protección de que es envestido el ser humano desde el instante primero. Entonces, revela la Biblia que el ángel de la Guarda existía antes que el hombre, desde el momento que fue enviado a proteger a éste. Génesis 1, 1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Es decir, creó primero el mundo espiritual, entorno primitivo del ángel, y después creo la materia, entorno del hombre. Es ésta la razón de que en la concepción antigua literaria judío-cristiana, encontramos al ángel de la Guarda como reflejo de la imagen espiritual de Dios y al hombre como imagen terrenal de Dios. Esta característica de la concepción remota es la de que Dios no se repite, confiriendo a cada ser espiritual y a cada ser terrenal una misión única, propia e irremplazable. Así es como las escrituras sagradas revelan que al venir el custodio de Dios para volver nuevamente a Dios, en manera absolutamente individual, el ángel de la Guarda vive lo que vive el hombre: esto es otro atributo que hace a este ángel tan “querido” porque dura no más que nuestro propio fugaz paso; como al hombre, al ángel de la guarda tampoco se le ha dado la inmortalidad, como al río o al mármol. Y esto lo hace un ángel humano, terriblemente humano, porque ¿hay algo más terrenal que la muerte irremediable? Aún cuando, en otras cosas, el custodio es diametralmente distinto al hombre.
O sea, si bien todo ser humano está acompañado por su ángel toda la vida, no significa que sus puntos de vista sean reflejos, porque, se dice, el custodio entiende las cosas de modo diverso al hombre, Cuando uno piensa, juzga o estudia, pasa con dificultad de una idea a otra. Nuestro ángel de la guarda, al contrario, comprende al instante cada pensamiento, el sucesivo y todas sus consecuencias: también su voluntad es superior, por lo mismo al ser un acto posible de buena consecución cumple con gran eficacia. El ángel custodio actúa sin conflicto ni lucha interior, y supera toda oposición. Entre los mismo ángeles custodios no son jamás iguales: cada uno tiene su individualidad propia, al igual que entre los hombres. De hecho, ciertos pensadores afirman que cada ángel de la Guarda, como cada hombre, forma por sí mismo una especie: tal es la diversidad de la creación. ¿En qué forma se realiza, entonces, esta influencia? Santo Tomas de Aquino explica que la respuesta a esta pregunta se encuentra en la naturaleza misma de los ángeles: ellos conocen las leyes del mundo material mucho mejor que el más sabio de los hombres. Además, tienen una influencia sobre este mundo material. Su poder supera los límites de la ciencia humana y de la técnica, muchas veces hasta el punto que ciertas actuaciones de los ángeles nos parecen milagrosas, no obstante que son cosas naturales a ellos.
Las escrituras hebreo arameas y greco cristianas que conforman la Biblia hablan profusamente del ángel de la Guarda o del Señor. En el Antiguo Testamento, cuando Jacob esta a punto de morir, pide por sus hijos diciendo: “El ángel que ha estado recobrándome de toda calamidad, bendiga a los muchachos.” (Génesis 48:16). Antes había visto en sueños una escala que subía hasta el cielo y por la que transitaban ángeles: “Y empezó a soñar, y ¡mire! Allí estaba una escalera estacionada sobre la tierra y su parte superior alcanzaba hasta los cielos; y, ¡mire! Allí estaban los ángeles de Dios ascendiendo y descendiendo por ella.” (Gé. 28:12). Luego saldrían a su encuentro: “y en cuanto a Jacob, él se puso en camino, y ahora se encontraron con él los ángeles de Dios.” (Gé. 32:1).
En los relatos del Antiguo Testamento al ángel de la Guarda se le identifica también con el ángel de Yahvé o Jehová, quien se le aparece a Moisés en una llama de fuego en medio de una zarza (Éxodo 3:2). Y promete nunca quebrantar el pacto y ser un “lazo” (Jueces 2:13). En el Nuevo Testamento se lee que los ángeles son espíritus para servicio público (Hebreos 1:13). Y como ángel del Señor su huella es larga. Según Mateo (1:20-21) se le aparece en sus sueños a José, hijo de David, y le dice: “no tengas miedo de llevar a María tu esposa a casa porque lo que ha sido engendrado en ella es por espíritu santo. Dará a luz un hijo, y tienes que ponerle por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo...” Más adelante le advierte el peligro de muerte: (2:13) diciéndole en sueños: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que te diga; porque Herodes está para buscar al niño para destruirlo.” Y lo insta a seguir (2:20): “Levántate, y toma al niño y a su madre y ponte en camino porque han muerto los que buscaban el alma del niño.” Ya antes había anunciado otro nacimiento: el de Sansón hijo de Manoa y su mujer estéril (Jueces 13:2-24). También cierra la boca de los leones y no perece Daniel (Dn. 6:22). A partir de Ezequiel (40:3ss) un ángel, “su apariencia era como la apariencia del cobre”, explica a los profetas el sentido de sus visiones; le habla Zacarías (1:8ss) y llega a ser un rasgo característico de los libros Apocalípticos. En Hechos 12:12-15 a Pedro se le llega a confundir con su ángel de la Guarda.
Desde las primeras épocas de la Iglesia cristiana edificada a partir de san Pedro, entre sus miembros es usual un pacto secreto con este ángel de la Guarda: cierta consagración que supone entrega a la fe por vocación, y desarrollo a partir de compartir la vida con el mensajero individual en el puro amor a Dios. El presbítero J. Jesús Ceja Álvarez, de la parroquia de Jesús de Guadalajara, México, afirma que “hay una forma de pactar con él ángel de la Guarda, una manera de relacionarse con tan excelente amigo nuestro, que todo cristiano puede hacer con mucho fruto.” El se refiere a la Promesa al ángel de la Guarda, que dice:
“Santo, Santo, Santo. Señor Dios de los ejércitos: el cielo y la tierra proclaman vuestra gloria. Postrados ante vuestra Majestad, os agradecemos, oh Dios, el habernos concedido un compañero celestial; que nos guíe según vuestra voluntad, para honra vuestra y manifestación de Tu amor. Prometemos aquí en Tu presencia, amar como hermano a vuestro ángel y obedecer cuando él hable a nuestra conciencia. Él será ciertamente nuestro guía camino al Cielo. Señor Jesucristo, Salvador, toma mi mano y ponedla sobre la de mi ángel y trazad sobre ella la señal de vuestra redención. Y que tu bendición sea para nosotros salvación. En el nombre de Padre, del Hijo, y del Espíritu santo. Amén.”
Dice este sacerdote que “a lo largo de su historia, la Iglesia ha revelado diversas oraciones, meditadas una y otra vez en la soledad de los claustros. Cada una es una ayuda en el camino. Yo pensé algo al consagrarme al ángel de la Guarda: su presencia es también magnífica decisión divina para la realización de Su Plan. Mi fe en el ángel que guarda y acompaña al hombre es una manera de fidelidad a lo creado. Y el ángel mismo espera todo el tiempo este acto de confianza. No le es permitido presionar a nadie, según lo que se sabe, sin embargo, si lo llamamos en nuestro auxilio se apresura a venir y respondernos. Tanto desea ayudarnos por ser su función que, se sabe, actúa como rayo. Yo ahora veo en nuestras Ordenes un alivio de la exaltación del ángel que cuida. Cuando un sacerdote cristiano se consagra al ángel no quiere decir que hace de éste el centro de la vida; significa que en virtud de esta consagración, el mensajero cuidador derramará más abundantemente su ayuda. Y esto es válido para todo aquel que se entere, sea un sacerdote o un creyente laico, porque el ángel de la Guarda está esperando por cada una de las personas, sea quien sea. Entre las iglesias cristianas, hoy, la modalidad de consagración al ángel de Guarda que preserva la tradición católica se está perdiendo, incluso, le dice un cura viejo como, con mucha pena he oído a sacerdotes decir que el ángel de la Guarda es de niños, porque el ángel es de todos y para toda la vida.”
Nos dice el sacerdote J. Jesús Ceja: “La consagración al ángel de la Guarda puede hacerse en forma privada; pero solo alcanza plena validez cuando ésta se pronuncia delante de una persona consagrada, con testimonio de hábito religioso. Normalmente tiene lugar después de una ceremonia solemne delante del Santísimo Sacramento. La consagración requiere la previa recepción del sacramento de la penitencia. Durante el rito, los candidatos recitan todos juntos una oración de consagración, teniendo cada uno en su mano un cirio encendido, símbolo del ángel de la Guarda. Por supuesto que la existencia y acción del ángel de la Guarda son anteriores a nuestra iglesia, pero sólo a partir de esta se oficializó una consagración al ángel y, que yo sepa, es la única que la ha mantenido a través de siglos posteriores. El ángel no pide una devoción para sí: su finalidad última es ayudarnos a amar a Dios y confiar en Su promesa. Lo importante no es saber muchas cosas sobre él, lo que importa es vivir con él y compartir como se comparte con un amigo muy querido, con el más digno de confianza. En esta vida actual es la mayor ayuda, porque como espíritu tiene la misión de penetrar toda nuestra vida, incluso nuestros trabajos materiales, para que también adquieran dimensión sobrenatural. Es necesario anotar la relación muy inmediata del ángel de la Guarda con María, nuestra gran protectora: cada ángel de la guarda, antes de ser invitado a la Tierra, pasa antes a servir a María para conocer mejor lo que es el hombre por medio de su intercesión: para penetrarse de la humanidad de María, de su bondad y comprensión de nuestras debilidades humanas. De manera que el ángel de la Guarda en nosotros es como la presencia protectora de María, pero muy individual, y adaptada a la manera de ser de cada cual. El compromiso con nuestro ángel solamente nos pide ser conscientes de su presencia y hacer todo en unión con él; rogando su santa inspiración así como la gracia especial de ponerla en practica con fidelidad; rogando alcanzar, por sobre todo, la verdadera humildad, y una infinita confianza en la misericordia de Dios. El ángel de la Guarda también se conoce como Custodio; Auxiliar de nuestras necesidades; Luz en nuestra oscuridad; Apoyo en todo peligro; Exhortador de nuestra conciencia; Intercesor; Escudo de defensa; Constante compañero; Segurísimo conductor; Fidelísimo amigo; Sabio consejero nuestro; Ejemplo de nuestra obediencia; Ejemplo de humildad; Consolador en el abandono; Ayudador nuestro...”
De acuerdo con la Iglesia Católica, entonces, se entiende al ángel de la Guarda como potencia de Dios. Su poder es, por lo mismo, mayor que todo el poder terreno ya que Dios actúa en él. De modo que por su propia naturaleza también vengan las ofensas que son cometidas contra Dios. Sin embargo, desde la encarnación de Jesucristo y su sacrificio por nosotros, la misericordia divina hacia los errores humanos se extiende también a la actuación del ángel de la Guarda y al actuar de todos los ángeles. Tanto es así que la sagrada Escritura bíblica lo certifica a través de Lucas (15:10): “Así, le digo, surge gozo entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Ello no significa indiferencia antes nuestros errores, sino que por medio del misterio del Gólgota, se acercaron más a nosotros en afán de ayuda. Sin dejar de ser clara su función también de siervos: en la Revelación del Apocalipsis, Juan escribe (22:8-9) “Pues yo fui el que oyó y vio estas cosas. Y cuando hube oído y visto, caí para adorar delante de los pies del ángel que me había estado mostrando estas cosas. Pero me dice: ¡Ten cuidado! ¡No hagas eso! Yo simplemente soy co-esclavo tuyo y de tus hermanos...”
Así, el ángel de la Guarda tiene, a nuestro lado, una misión particular. Ha sido enviado al hombre como médico, como hermano solícito, a fin de guardarle desde el primero hasta el último suspiro. Su misión es de protección, no de venganza. Es nuestro intercesor y realiza lo que está a su alcance para ayudar al hombre. Y, en su tarea, reconoce lo que es la pobreza, la fatiga, el sacrificio y la expiación, la soledad y la violencia humana. Porque al ser mensajeros se entiende la suya como una misión. Para el judío-cristianismo, el ángel de Guarda le habla al hombre a través de lo que se da en llamar “voz de nuestra conciencia”, que el hombre, por su libre albedrío, tiene facultad de acallar u oír, y seguir. El ángel de la Guarda ama a su protegido, pero sólo adora a Dios mismo; nunca rechaza a la persona que guía, viviendo sólo para estar dispuesto a acudir en cuanto se le invoca.
En todo caso, la gran cantidad de testimonios que denuncian visiones de ángeles de la Guarda, ha de tener una explicación. Y es una explicación que no debe ser la que da la religión ni la que da la ciencia. Probablemente pertenece a otro campo de estudio que está mucho menos establecido. Le he preguntado a Salvado Freixedo su explicación para el actuar de los ángeles, y dice que “son parte del juego de los dioses, de las manipulaciones de los dioses. Los hombre no sólo no somos los “reyes de la creación” como nos habían dicho, ni las criaturas más inteligentes del universo, ni siquiera somos los reyes de este planeta que habitamos, ni las criaturas más inteligentes de él. Nuestra humanidad parece una granja que pertenece a otros seres más inteligentes que nosotros, que también habitan este planeta y que son los verdaderos reyes de él. Auque hiera nuestro amor propio, estos seres, que son de ordinario invisibles (auque se hacen visibles cuando quieren), dentro de la escala cósmica están en un peldaño superior al nuestro, lo mismo que nosotros estamos un peldaño más arriba de los animales y lo mismo que éstos están un peldaño más arriba de los vegetales, y estos de los minerales, aunque en el fondo todos estemos hechos de los mismos materiales; siendo solo cuestión de organización de “caldo primigenio” de que está formado todo el cosmos. Sea cual sea la función de los ángeles, en todo caso, se debe reflexionar sobre el hecho que todas las religiones admiten la existencia de estos seres, interfiriendo constantemente en la vida de los hombres. En todas las culturas que se conocen aparecen con nombre diversos. No se puede escribir tanto ni tan seriamente sobre algo que no existe y no se puede tener tantos nombres para designar puros entes imaginarios. En especial el primer informe de la existencia del ángel de la Guarda, en verdad, no se sabe cuándo surgió, probablemente es tan antiguo que ni memoria quedó de ello.”
San Francisco de Sales solía decir: “Vosotros conjuráis los demonios a fin de que se aparten de vosotros. ¿Por qué no conjuráis al ángel Custodio para que se acerque a vosotros para ayudarnos?”. También escribió que el ángel de la Guarda sufre lo mismo que sufre quien protege, por esta misión suya de vivir el mismo tormento humano de quien guarda. Otra escritora católica, Luisa de Marillac, lo nombra “el prisionero divino del amor”, y rogaba que crezca su corazón “que es demasiado pequeño para que habite en él un rey tan grande”. San Juan Bosco solía recomendar a sus discípulos “muy urgentemente” la devoción al ángel de la Guarda.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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INVOCACION Y MENSAJES.

DE LA INVOCACIÓN A LOS ANGELES.
Por Waldemar Verdugo Fuentes.

Según lo que se sabe y nos hemos enterado, anotaremos breves pinceladas de los métodos para convocar a los ángeles. Este consiste, primeramente, en elegir un lugar único para la ceremonia, un sagrario dedicado únicamente para este objeto, el que será consagrado mediante un rito apropiado para invocar el poder de los ángeles, estableciendo una atmósfera que posibilite el contacto. Esta ceremonia inicial podrá realizarla un sacerdote de la religión que sea, pero que simpatice con los ideales expresados de fraternidad entre los hombres y los ángeles. Hacia el Oriente habrá un altar donde los fieles coloquen flores aromáticas renovadas día tras día: símbolos religiosos; un cuadro o una estatua de la persona fundadora de la religión que se sigue; agua bendita; incienso y velas. En los casos en que no puede obtenerse estas cosas, deberá haber flores y un simple objeto bello. Y si ni siquiera esto se tiene, bastará la intención del corazón pletórica de alegría, sencillez, pureza y anhelo de belleza por sobre todo. En todo caso, las condiciones esenciales en la ceremonia son una limpieza perfecta del lugar en que se realiza, una atmósfera de pureza externa y un inquebrantable deseo de mutua cooperación entre ángeles y hombres para auxilio del mundo. Todos los participantes en la ceremonia estarán vestidos con ropas sencillas, del color correspondiente al grupo de ángeles cuyo auxilio se invoca.

GRUPOS DE ANGELES COLORES QUE HAN DE USARSE
Guardianes del hogar Rosa y verde suave
Sanadores Al oscuro
De la Maternidad y el Nacimiento Celeste
Ceremoniales Blanco
De la Música Blanco
De la Naturaleza Verde
De la Belleza y otros Amarillo (color de la sabiduría).

Es posible dedicarles oraciones con fines particulares. Cuando es invocado más de un grupo de ángeles, el oficiante podrá vestirse indistintamente de uno otro color entre los apropiados. En todo caso, las ceremonias apropiadas en si son una invocación por la mañana y un servicio de acción de gracias por la noche.
Una vez comenzados los servicios, deberán sucederse con regularidad, siendo siempre deseable la presencia de niños entre los concurrentes. Los niños deben estar, en lo posible, vestidos con ropas blancas. La ubicación de los niños es en primer lugar frente al altar, y la de los oficiantes en último lugar al final. Los niños se ubicarán en semicírculos, frente al altar, el rostro hacia sus mayores, dejando un pasadizo en el centro. Así como los niños hay que ubicarlos lo mas cerca del altar, lo propio hay que hacer con los ancianos, enfermos y mujeres grávidas: todos ellos lo mas cerca posible del altar; el resto permanecerá de pie y en filas rectas detrás de aquellas personas.
Cada oficiante, uno por cada grupo de ángeles invocados, avanzará por turno hacia el altar, cruzando el pasadizo en el centro y repetirá la invocación apropiada (que, a pesar de que existen pautas, debe ser lo que siente el corazón). Durante la invocación el oficiante alzará las flores por sobre su cabeza siguiendo con su mirada la acción, empleando toda la fuerza de su pensamiento y poder en llamar a los ángeles (sábese que la medida de la eficiencia de cada ceremonia es proporcionada por la suma de conocimiento, voluntad y poder de pensamiento empleados por el oficiante). Todos los presentes se unirán al oficiante con toda su capacidad y fe, siguiendo con la intención el sentido de la plegaria. El esfuerzo realizado no deberá producir tensión física indebida, y la ceremonia no debe degenerar en una mera repetición de formulas o rezos; de aquí que todas las fórmulas son válidas si es justa la intención del corazón. Al mismo tiempo deberán mantenerse con firmeza un sentimiento intenso de alegría y una sensación de anticipo del deseo realizado, por la compañía de los ángeles. Se recuerda que uno es lo que se piensa ser.
El oficiante, al mantener en alto las flores unos instantes, debe ofrendar en ellas la belleza y la fragancia a los ángeles, emitiendo a través de este gesto amor y profunda gratitud por el servicio de los seres angélicos convocados. Todos los presentes, de igual modo, han de ver en esta ofrenda un sentimiento agradecido, al que se puede ofrendar incienso, una veladora o un simple vaso de agua. En verdad, es una ofrenda para un ángel cualquier cosa que consideremos bella a nuestro entender de lo que es hermoso. Para ellos también son de suma importancia nuestras oraciones personales agradecidas, porque nada hace más feliz a un ángel que saber que está sirviendo al hombre.
Cuando es imposible que niños, enfermos, ancianos o mujeres grávidas se hallen presentes, cualquier asistente a la ceremonia puede concurrir donde estas personas imposibilitadas de asistir se hallen, llevándoles algo que haya permanecido en el altar durante la ceremonia, que está con la fuerza que el ángel impregna. Si es posible, de cara al paciente imposibilitado de asistir, se dirá una plegaria enfocada a cada caso en particular y pidiendo invocación del grupo de ángeles requeridos; así se pedirá para los niños la intersección de los ángeles sanadores; de los constructores para las mujeres embarazadas; en particular del Arcángel Rafael y sus huestes para ayudar a los enfermos...
Se insiste en que esta ceremonia debe mantenerse en la forma más sencilla posible, enteramente libre de sensacionalismo o esmero sin medida, sin ninguna intención de obtener un contacto personal con motivo de provecho, interés o simple curiosidad personal. Tampoco se debe obligar a nadie a asistir al sagrario para impresionar o llamar su atención. Deberá ser absolutamente natural nuestra relación con los ángeles, tan natural como nuestro trato con los demás o con los animales domésticos.
Una confianza completa en Dios caracteriza a los ángeles, y quien se acerca a ellos también adopta naturalmente esta cualidad de fe en el poder y justicia divinos.

HABLA UN ÁNGEL

Por cierto que deben existir un sin número de escritores que han publicado obras con supuestos mensajes dictados por ángeles y recibidos en estado de trance o iluminación (al final se dice que toda la literatura se recibe en cierto estado de gracia). Aquí solo rescatamos palabras atribuidas a ángeles en un libro sagrado (el Bhavad Gita), en un libro clásico (La Divina Comedia) y en la producción literaria de un autor popular en el siglo XX, Geoffrey Hodson, de quien se conocen muchos escritos atribuidos a mensajes enviados por ángeles, en un género de comunicación que nada tiene en común con la mediumnidad, la escritura automática ni el trance. Sus percepciones son directas, en estado de vigilia, y gozan de popularidad entre los adeptos a esta literatura. Sus escritos, publicados en la primera mitad del siglo XX, en Inglaterra, son el resultado de años de estudios e investigación. Contra la renuencia o incapacidad de creer de muchos, diremos que, si bien es posible que estos textos en verdad no fueron dictados por ángeles, si son un esfuerzo atinado que inclina a la meditación y a una vida disciplinada en la fe, que, por supuesto, justifican su obra. En el prólogo de su libro “The Brotherhood of Angels and Men” (que data de febrero de 1927) escribe rogando a los lectores “que juzguen mi trabajo según el mérito que le atribuyan y nada mas, considerando que si percibimos la verdad esto depende de nuestra capacidad de vibrar al unísono con la fuente que la expresa... Es posible que tras una rápida lectura cualquier libro se convierta en pura fantasía, pero si se esforzasen también es posible hallar verdad y atisbos de estados de consecuencias repentinamente perceptibles donde recelaban visiones fantásticas...”
A manera de muestra, como punta de iceberg, en un rescate arbitrario, hemos numerado algunos de estos mensajes recibidos por Hodson, y los ofrecemos al lector, quien no debe olvidar que quien habla es un ángel:

1) Lo más esencial de tu parte es creer en nuestra existencia.
2) Detrás de todo fenómeno encontrarás un miembro de nuestra raza. Nuestra posición en la naturaleza se parece mucho a la del maquinista: no se trata de la fuerza misma; la dirige; y así como su cuidado y vigilancia constantes son esenciales para que la máquina funcione eficazmente, de igual modo los ángeles son esenciales para que la máquina de la naturaleza funcione eficientemente al igual que sus componentes, desde el átomo...
3) Es improbable que este conocimiento se logre con instrumentos físicos. Quizás lo que se descubra es que el método más fácil de aproximación a nosotros es el amor a la naturaleza. Quienes desean encontrarnos tendrán que aprender a intimar con la naturaleza mucho más de lo conseguido hasta ahora por la humanidad promedio. Además de una captación mas honda de la hermosura de la naturaleza deberá evidenciarse esa reverencia hacia todas las formas y modalidades, hacia la totalidad de sus múltiples manifestaciones, y esa reverencia nacerá del reconocimiento de la presencia divina de la que dichas formas, modalidades y hermosuras son solo manifestación externa. Es natural que de esta captación nacerá la comprensión de que toda belleza es de naturaleza sagrada y el deseo de acercarse a la divinidad que mora en ella. Luego de esto habrá de lograrse un sentimiento vivo de unidad con la naturaleza hasta que puedas descubrirte en cada árbol, en cada flor, en cada hierba, en cada nube que pasa, y comprender que las múltiples diversidades que constituyen un valle, un jardín o un vasto paisaje montañés, marino o celeste, son tan solo manifestaciones del Yo Único que mora en ti, del que eres parte, por medio del cual puedes atravesar el velo externo de la belleza hasta que no te impida mas la visión del Yo. Una vez conseguida esta comprensión estarás en el umbral de nuestro mundo; habrás aprendido a ver con nuestros corazones.
4) Todos los verdaderos artistas recorrieron este camino mas pocos nos encontraron, pues la mente inquisidora del científico y la mirada penetrante del vidente deberán sumarse a la sensibilidad del artista. El científico deberá aprender a empezar donde concluye el artista; y luego de ubicarse en el meollo de la naturaleza, continuar sus investigaciones hacia fuera, hacia la circunferencia. En su realización de si no perderá la claridad intelectual, la exactitud de observación que tanto aprecia, sino que las dirigirá partiendo de un nuevo punto de vista. Quien quiera saber de nosotros habrá de ubicar su mente “dentro” del árbol. De la planta, del animal, del elemento, del átomo.....
5) Si hay sinceridad el conocimiento llegara con seguridad.
6) Traemos el mensaje de felicidad de El-Que-Ha-Vendido. Somos manifestaciones de la gloria divina. Para nosotros solo hay alegría, luz y poder siempre crecientes a medida que aprendamos a expresar cada vez mas la Voluntad Divina que fue nuestro origen.
7) Hasta los médicos podrán invocarnos para que los ayudemos en su misión. Los lechos de los enfermos humanos reclaman nuestra presencia, a nosotros que no sabemos que es el dolor. Solo conocemos de sanidad, por lo tanto, nuestra sola presencia cura de todo mal.
8) Si nos pudiésemos acercar con libertad podrían realizarse prodigios de curación. Pero para conseguir esto deberás combinar curación con religión con ceremonias, al igual que con la visión de la realidad tal como la capta un artista. Sería preciso que en cada institución dedicada al cuidado de niños, enfermos y ancianos se cree un centro magnético, que pudiésemos utilizar como foco. Para ello no es menester mucho conocimiento sino únicamente sinceridad y visión. En todas las salas y enfermerías habría que consagrar y utilizar una pequeña capilla: de esta manera cada médico se convertiría en sacerdote y cada enfermera en acólito. Y nosotros acudiríamos a curar a través de ellos, ayudando de cien maneras distintas.
9) La vida hogareña de los hombres debería de contar con un sitio para nosotros. En algunos países invocan nuestra presencia pero, incluso en esos sitios, debido a largas y continuas prácticas el hábito perdió vigor y pasó a ser una forma hueca. Nuestro poder de acción es mayor y nuestra presencia más real si se instalan centros magnéticos en el hogar. Para instalar un centro magnético basta con un simple objeto muy bello, mentalmente asociado con nosotros, ubicado en un lugar especial, al que se puedan agregar ofrendas si se tienen, aunque basta el simple estímulo de confiar en la cooperación de la ayuda mutua.
10) Aunque en gran parte el mundo se ría de nuestras aspiraciones, está asegurada una respuesta creciente: en este sentido existe una atracción instintiva en el corazón y mente humanos, que nace, en parte al menos, de antiguos recuerdos, provenientes de aquellos tiempos en los que nosotros andábamos con ustedes naturalmente, y en parte también, de la clarividencia natural latente en toda alma humana.
11) Nosotros no te pedimos que nos adores, lo cual seria impropio, sino que nos ames. Sólo se adora a Dios.
12) Sé paciente y paciente y paciente.
13) Recuérdalo: el origen fundamental del poder está en la idea. Los mundos manifiestos no son sino fuerza emanada (o reflejo) de la Idea Divina. Y por ser esto así, ningún retraso puede reducir su potencia, ninguna circunstancia puede impedir su expresión última. En este conocimiento habrá de basarse la paciencia.
14) La paz es el equilibrio del hombre. Aunque todos los planetas y toda su población se mueve él está inmóvil y en sus vastos dominios no hay nada que perturbe su paz tan firmemente fundada en Dios.
15) Por supuesto que la paz de Dios no es propiedad tuya, no es cualidad que tengas que adquirir; es un poder que deberás liberar: es el centro giroscópico de tu alma.
16) Los caminos que atraviesan la mente están empedrados de pensamientos. Y por allí habrá de deambular el alma. Has de empezar, pues, con el pensamiento.
17) Piensa con frecuencia en la paz, mas no la confundas con quietud ni estado alguno de cosas externas, por más tranquilo y silencioso que sea eso. Sumérgete a mayor profundidad en busca del reino de la paz. Este reino no está en la mente ni en el corazón aunque la esencia de estos radique en su profundidad.
18) Meditar en la paz te apisona el camino que recorres y lo hace liso y cómodo para tus plantas.
19) En la frontera te sentirás solo pero no temas. No es mas que el aura del reino de la paz, que se extiende por doquier y te encuentra en el camino. Camina sin temor porque el propio poder de tu calma te fortalece para las etapas de la búsqueda. Tan pronto la calma se profundice en tu derredor, salúdala y déjala penetrar en tu alma hasta que todo nervio y todo átomo se rinda.
20) La sabia hembra domina al macho con la calma.
21) Puedes pensar en todo cuanto nosotros los ángeles vemos.
22) El método que debes seguir es el siguiente; primero, elevar el alma; segundo, expandir la mente; tercero, avivar la inteligencia; y cuarto, coordinar cuerpo, mente y alma.
23) Para instruirte debes primero allegarte al reino de la alegría, para que te mantenga en presencia del conocimiento. Se alegre.
24) El conocimiento se diferencia de la sabiduría: ésta crece siempre, aquél es estacionario. La sabiduría es el yo del conocimiento. El conocimiento es la sabiduría expresada en ideas. La sabiduría es innata a ti mismo: el alma humana puede adquirir el conocimiento. El conocimiento pertenece a lo irreal, la sabiduría a lo real. El conocimiento muere, la sabiduría es eterna. El conocimiento es el aroma; la sabiduría es la flor. El conocimiento es la luz; la sabiduría es el sol. El conocimiento es la obra de arte; la sabiduría es la visión.
25) Para enseñar hay un solo método: la participación, porque es así como Dios enseña y todo instructor respecto de su discípulo debe asemejarse a Dios.
26) Lo mas elevado para el instructor es la sabiduría; para el discípulo, la voluntad.
27) En los niños las cualidades de alegría y libertad deberán desarrollarse en grado sumo; esto resulta esencial para el buen éxito final.
28) Nadie, ningún ser está en posesión de la visión. Simplemente: Es. El punto superior dentro de cada uno es tan solo un reflejo de aquella visión, que ordena todas y cada una de las células de todos los mundos. Todos los que viven están ordenados por esa visión en su involución y evolución. Nadie sabe ni sabrá jamás de donde llegó pues trasciende el conocimiento. La visión es ápice y base a un mismo tiempo, todas las facetas de una pirámide. No se halla aquí, ni allí, ni en parte alguna: está en todas partes.
29) La mente es la expresión última.
30) La obra habrás de considerarla como vasija llena de fuerza, es decir, de la fuerza de la idea que hay tras ella. La inteligencia hace que la vasija adquiera un contorno perfecto. Cuando el contorno de una forma es perfecto, la forma no se pierde.
31) La alegría y el trabajo son sinónimos en Dios. No existe la alegría sin el trabajo.
32) Tu trabajo es tu forma perfecta de relación con Dios. Este es un misterio que solo quien recorre puede resolver. Quien quiera comprender esto, busque el camino.
33) Que si alguna vez vacilas, el amor te empuja hacia delante.
34) El amor te abre el camino.
35) Encuentra la fuente del conocimiento, la alegría y el amor, bebe su cuota de ellos. Es decir: Sana por identificación.
36) Y recuerda: por encima de todo está lo que demanda tu raza.

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© Waldemar Verdugo Fuentes.
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ANGELES EN LIBROS SAGRADOS: En La Biblia.

DE ANGELES EN LIBROS SAGRADOS
Por Waldemar Verdugo Fuentes.

LOS ANGELES EN LA BIBLIA.

En el sentimiento y la representación actual de los ángeles que la gente dice ver hoy día, en julio de 2006, estos seres visten y toman las formas más diversas, pero siempre de naturaleza antropomórfica. Si uno lee las crónicas diarias de apariciones extraterrestres cada día en cualquier punto del planeta, cómo la gente hoy los imagina ver, es cierto que difieren en absoluto con todo lo que al respecto ha hecho el arte en los últimos cinco o seis siglos, donde se los dibuja con alas, como niños regordetes, dulces o amenazadores, con rasgos propios de acuerdo a la sensibilidad del artista de la época. La deformación de la figura del ángel comenzó ya muy temprano. Pero a partir del siglo XX hasta ahora, se diría, volvió a identificársele con la forma física natural de un ser humano. Los ángeles que se aparecen hoy día envueltos en la imaginería extraterrestre, pueden portar escafandras, vestir ropa brillante o portar adminículos, pero morfológicamente tienen cabeza, dos manos y dos piernas, un cuerpo no distinto a un hombre. Tal cual se le identifica en los libros sagrados que hablan de ellos, como el Antiguo Testamento: ya en el libro del Génesis se afirma su existencia diciendo que por su apariencia exterior parecen varones, y en la lucha que sostiene Jacob con un ángel se explica la forma de un varón temible, muy fuerte, que tiene poder para bendecir y está oculto en el misterio. Es tal cual un hombre pero su semejanza es solo exterior porque su esencia es un reflejo del mismo Dios y no puede comprenderse. Es una criatura finita pero en él se encuentra el terrible poder de Dios. No obran los ángeles por si mismos, privadamente, sino que en ellos está y actúa Dios. Por ello son “emisarios” en el sentido de que llevan consigo al Ser mismo que los envió. Así, cuando se presentan amenazantes, está presente en ellos lo terrible, sagrado y espantoso de la fuerza de Dios.
En el Libro del Génesis se nos dice que un ángel con espada flameante guarda la puerta del Paraíso terrenal; el ángel del Señor mismo es quien ayuda a Agar para que muera en el desierto (21:17), exaltándose desde entonces la misión benefactora sobre el hombre que cumple un ángel. Por su relación con Dios a los ángeles se les llama “ejército del cielo” y a Dios se le nombra “Dios de los ejércitos”. Los ángeles ostentan muchas veces rasgos guerreros al cumplir las órdenes del cielo donde forman la corte celestial; sin embargo, según la representación antigua, moran también en la tierra (Génesis, 32,2). Son mensajeros de Dios, entonces, entre los hombres; y nuestros protectores, según se lee en el Libro del Éxodo (23, 20-23):
“Aquí estoy enviando un ángel delante de ti para que te proteja en el camino, para mantenerte en él y para introducirte en el lugar que he preparado. Cuídate a causa de él y obedece su voz. No te portes rebeldemente contra él, porque no perdonará la trasgresión; porque mi nombre está dentro de él. Sin embargo, si obedeces estrictamente su voz y verdaderamente haces todo lo que yo hable, entonces yo ciertamente seré hostil para con tus enemigos y hostigaré a los que te hostiguen. Porque mi ángel irá delante de ti...”
Así, el nombre “ángel”, común a la mayoría de las lenguas modernas, procede a través del latín ángelus, del griego arrexos, o mensajero. El nombre se da en la antigua época cristiana a espíritus extraterrestres característicos por su oficio en el servicio de Dios. Dándose en la generalidad de las más antiguas religiones informes sobre la existencia de estos seres intermediarios entre el cielo y los hombres, a los que se identifica y nombra de varias maneras. Incluso con nombres cifrados, para no convocarlos cuando son ejecutores también ellos de los castigos divinos. En el Antiguo Testamento se llega a dar al ángel llamado de Yahvé un poder tan enorme que cuando se habla de él se habla también de Dios mismo. Sin embargo, este ángel todopoderoso, a su vez, aparece claramente distinto de Dios. Hay quienes ven en este ángel de Yahvé una manifestación del Logos, esto es, del hijo de Dios preexistente antes de Jesucristo en los primitivos escritos. Otros intérpretes lo consideran como producto de reflexiones teológicas: dado el concepto posterior de la absoluta trascendencia divina, habrían chocado las antiguas narraciones que hablan de un trato inmediato de Dios con los hombres, y, se habría intercalado Su Ángel, una manifestación de la identidad divina, o sea, Dios mismo que, invisible, se hace presente y obra en la forma de Su Ángel: Yahvé, que actúa en determinadas situaciones. En todo caso, aún cuando este pueda ser el sentido original de la idea, sin duda, ya tempranamente y de modo general desde la época en que se identifican los primeros reyes, la forma angélica de revelación de Dios fue considerada como un mensajero celestial distinto de Dios mismo, pero con algunos de Sus atributos. Y de forma física igual al hombre original, antropomórfico.
Durante las épocas persa y grecorromana, esta idea de la forma de los ángeles y su función se desarrolló con fuerza, y particularmente quedó escrito en los Libros Apócrifos, como los libros de Enoc, el Libro de los Jubileos, el Apocalipsis siríaco de Baruc; y con cierta amplitud también en diversos escritos canónicos de la época anterior a Jesucristo, como el libro de Job, escrito por Moisés y terminado hacia el año 1473 antes de nosotros, o el Libro de Daniel, escrito por este profeta hebreo en Babilonia el 591 antes de nuestra era, o en los escritos conocidos como Salmos, atribuidos al rey David y otros y terminados cerca del 460 antes de nosotros. En estos libros sagrados y muchos otros de la época pasada se atribuyen a los ángeles características y actuaciones que nos permiten conocerlos más. Este conocimiento nace, en primeros lugar, de la mayor acentuación de la trascendencia divina con relación a los acontecimientos pasados, con lo que crece la importancia de los ángeles como seres intermedios entre Dios y los hombres. Luego influyeron otras causas nunca suficientemente estudiadas en sus pormenores, como la influencia en la religión judía de representaciones populares que nacieron por contacto con otras ideas religiosas de los pueblos gentiles, como, por ejemplo, la representación que se hace de ellos con alas, que son un agregado posterior. Así como las denominaciones con que se les comienza a ubicar; así se llaman, por su relación con Dios, o “hijos del cielo” o “santos”; o, según sus funciones “centinelas”, “vigilantes”, “curadores”, “los que nunca duermen”, “príncipes”; o por su naturaleza “espíritus” y “gloriosos”. Así a Dios mismo se le llama “príncipe de los divinos y rey de los gloriosos y señor de todos los espíritus”. Con el tiempo ya no habla Dios directamente, como en la profecía antigua, al vidente o profeta apocalíptico, sino que viene a estos un ángel que les transmite e interpreta las revelaciones divinas. Esta particularidad es común hasta ahora, cuando los videntes que anuncian profecías o de cualquier índole se anuncian enviados de intermediarios, nunca de Dios mismo.
Según los libros antiguos, entonces, los ángeles son tenidos por espíritus incorpóreos (como dice Filón en De Sacrificis Abelis et Caini), de naturaleza ígnea que fueron creados por Dios como seres inmortales. Dada esta calidad, algunos sostienen que no se alimentan de comida terrena y material (como Tobías (12, 19), sino de comida celestial o mana (según Salmo 78, 77); aunque también otros afirman que se alimentan igual que un hombre, con comida material (como se afirma en Génesis 18,9). Unos afirman que no pueden hacerse visibles sobre la tierra mas que por aparición, no en un cuerpo material (Tobías 12, 19); pero otros, los más, afirman que si se aparecen en forma de hombre (Daniel 8, 15; 10, 5-16), como “un joven glorioso” con su faz “parecida al relámpago”, vestidos “de lino”, “de blanco, “con hermosa vestidura”, que al parecerse, “habla con voz muy alta”, que “turba al hombre”, pero luego “levantan al hombre de su turbación”. En las alas que se les fueron atribuyendo, además de la influencia de religiones como la persa, se atribuyen a que el movimiento de los ángeles es representando, en general, como el del vuelo, por ser ellos mensajeros, algo que también se relaciona con los actuales ángeles extraterrestres, que llegan desde lo alto, volando en sus naves iluminadas o apareciéndose como quien llega de un vuelo.
Según la generalidad de los libros sagrados que hablan de los ángeles, el número de estos es muy grande. Y todos comunican al hombre la inteligencia extraordinaria de Dios y les dan órdenes; manifiestan lo que ha de hacerse en presencia de Dios (como en el Libro de Job 33, 23); hablan a Dios a favor de los hombres y llevan al cielo las peticiones humanas. Todas las escrituras afirman, así, que los ángeles protegen a los hombres; los salvan de peligros; le ayudan de diversas maneras, incluso llevándole por los aires para que vea lugares desconocidos (circunstancia de la que existen innumerables textos, como en Daniel 14, 34-39). Los ángeles tienen poder sobre el mal (Tobías 8, 3; Jubileo 10, 7-11). Los hombres particulares están protegidos por ángeles especiales. Se dice que cada pueblo tiene su ángel protector, y que están al frente de las cosas de creación (como afirma Filón en sus obras De opificio mundi y De gigantibus); así hay un ángel del firmamento, ángeles de las estrellas, de los fenómenos de la naturaleza como el viento, el relámpago, el trueno y las lluvias o las estaciones, pero, en cuanto a los mismos fenómenos de la naturaleza no son estos considerados como seres angélicos animados, sino, mas bien, subordinados a las huestes celestiales, que, en un momento, pueden incluso dirigirlos para beneficio o castigo de Dios sobre los hombres.
Sin embargo, los ángeles según los libros más antiguos, no son tenidos por libres de culpa delante de Dios, aunque los escritos canónicos del Antiguo Testamento no hablan de un pecado de los ángeles. Pero el juicio final también lo extienden las escrituras a los ángeles. La literatura extracanónica deduce desde luego del libro de Génesis (6, 2-4) ese pecado; una parte de los ángeles, los que allí se llaman “hijos de Dios”, habrían abandonado el cielo un día, tomando por mujeres a las hijas de los hombres y engendrando con ellas a los semidioses y gigantes de que hablan muchos libros antiguos. Según afirma el mismo Filón y Flavio Josefo en Antiquitates), en castigo, estos ángeles rebelados habrían sido temporalmente encadenados en el mundo subterráneo, cuya tradición es antiquísima e innumerable la cantidad de nombres con que se le identifica, como Seol o Hades.
Pueblos como el de los Esenios se ocupó mucho en sus escritos de los ángeles, yendo muy lejos al respecto la fe popular, como permite comprobar en los testimonios que se preservan. Sin embargo, otros rechazaban tales imaginaciones, como los Saduceos (en Refutatio omnium haeresium de Hipólito); aun cuando la generalidad de los libros sagrados mas antiguos ocupan amplio espacio confirmando la existencia de los ángeles, poco a poco las referencias disminuyeron y fueron mas o menos exaltadas según la época, combatiendo las exageraciones y tratando de armonizarlas dentro de la línea de ideas del Antiguo Testamento con la fe en Dios, en fin, como único ordenador posible de la vida.
Es la razón de que la interpretación sobre los ángeles en el Nuevo Testamento es más sobria, como lo es en general en los libros sagrados escritos a partir de nuestra era cristiana. En la concepción cristiana general, sostenida hasta ahora, los ángeles hacen oficio de mensajeros del cielo a los hombres, y se puede recurrir a ellos porque, en verdad, su sentido de la tierra es servir al hombre. Suelen aparecerse en los laberintos del sueño (Mateo 1) y también en estado de vigilia (Lucas 24; Juan 20), a manera de visión en figura de brillante vestidura y en forma a imagen y semejanza del hombre, que suele espantarse al verlo, pero de inmediato los ángeles le tranquilizan. Una de las características de la acción de Dios en el ángel es justicia, porque en sus actos no hay equivocación posible. A diferencia del hombre que “se equivoca miles de veces” y miles de veces es perdonado también por la intersección de estos seres celestes, que, en su principio son “enviados del gran perdonador”. La Iglesia Católica a partir de los cuatro Evangelios que rescatan palabra y obra de Jesucristo, pone, desde el principio, como principal atributo de Dios el Perdón. Dios se manifiesta, antes que nada, como dispuesto a que el hombre siga adelante. Así, los ángeles como sus mensajeros son disipadores de obstáculos en el camino. Y “forman ejércitos” (Mateo 26), que, como tal orden desarrolla diversos ocupaciones y ubicación, sin que se puedan señalar las diferencias entre unos y otros como hacedores enviados de Dios.
Los ángeles en el Nuevo Testamento afirman su destino: sirven a Jesucristo y a sus discípulos, y con sus actos transmiten la ley, tal cual lo hicieron en el Antiguo Testamento, en cuyos libros su actuación es formidable: fue un ángel quien extermina a los primogénitos de Egipto (Éxodo 12, 29); un ángel quien aniquila a 185.000 hombres (Revelaciones 19, 35), y también un ángel sirve de mensajero de la Anunciación, que proclama la salvación de todos los hombres y un ángel es el heraldo en la mañana de Resurrección. Al no mostrarse ellos mismos libres de mácula se acercan en definitiva al servicio del hombre. Cuando David peca y escoge como castigo de su pecado la peste, “el ángel tendió su mano sobre Jesucristo para destruirla”, pero la retiró por orden del Señor. (Segunda carta de Samual 24); David ve al ángel que hiere al pueblo de Israel e implora el perdón de Dios, y el ángel presto responde al deseo. Ya en el Nuevo Testamento, en sus discursos y parábolas, el mismo Jesucristo afirma la labor de los ángeles. Está escrito que el Señor Jesús en su nacimiento estuvo acompañado por ángeles. La próxima vez que los encontremos será después de la tentación, cuando el hijo de Dios es llevado por el espíritu al desierto y sufre hambre, y la tentación viene y le dice: “Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. Y Jesús responde: “Está escrito: No de pan solamente debe vivir el hombre...” Luego quien tienta lo lleva a lo alto del templo de la ciudad santa y le insta a saltar afirmando que también está escrito que los ángeles han de ayudar en momento de peligro extremo, y Jesús responde: “¡Otra vez está escrito no debes poner a prueba a Dios!” Narra el evangelista Mateo cada tentación y como en cada una vence Jesús “...entonces el Tentador le dejó y llegaron los ángeles y le servían”. Por los textos sagrados no es difícil afirmar que el Señor en su misión de tres años fue invisiblemente acompañado de los ángeles; pero solamente cuando entra en su Pasión, otra vez aparece un ángel para darle el cáliz de la fortaleza en su agonía en el jardín de Getsemani. Se dice que los ángeles están presentes en la conjunción de la historia de la salvación del hombre. Porque se alegran de la perseverancia de los justos y de la conversión de quien no cree. Porque desde que es niño, el hombre tiene su ángel que lo guarda. Y al final, cuando se muere, los ángeles llevan al difunto al otro mundo (Lucas 16,22). Por esto, se sabe, el rostro de un testigo de Jesús lleno del espíritu puede parecer como el rostro de un ángel. En este aspecto del orden cristiano toman parte los creyentes en tal medida que, en la primera Carta que escribe a Corintios, desde Efeso cerca del año 55 de nuestra era, el apóstol Pablo insta a los hombres a tomar decisiones y a ser fuertes, diciendo: “¿No saben ustedes que juzgaremos a ángeles en el juicio final? Entonces, ¿por qué no los asuntos de esta vida?” En la iglesia fundada por Jesucristo se manifiesta a los ángeles el designio de Dios, por sobre todo, de preservar la salud del hombre, y ayudar en esta obra saludable es gozo para los seres angélicos; por esto su actuación es pura gracia y bienaventuranza, de acuerdo al designio. El mismo designio que enseña la fuerza terrible del poder de Dios. Porque si el ángel lanza la peste sobre la gente y la ciudad, es Dios quien ordena. Un ángel con espada desenvainada aparece ante Josué y le manda que se quite el calzado de los pies, porque está en lugar santo. En la visión que el profeta Isaías tiene del trono de Dios los ángeles claman uno al otro: “¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos¡” y el estridente clamor hacía que los quicios de los umbrales empezaran a retemblar...
En el nuevo Testamento se suaviza este carácter terrible, de actuación casi feroz de los ángeles. Cuando un ángel acompaña a los pastores y hace que brille alrededor de ellos la gloria de Dios, o cuando en la mañana de Resurrección se manifiesta a las mujeres, siempre las primeras palabras que pronuncia son: “No temas”. Así se dice hasta ahora: las primeras palabras de un ángel siempre infunden fuerzas y alejan miedo. Un ángel de Dios jamás produce temor en el hombre, y cuando se llegan a aparecer, la paz es la primera impresión de la presencia celeste.

VIRGEN MARIA Y LOS ANGELES

La historia de la relación de María, Madre de Jesucristo, y los ángeles, es, en verdad, la historia del punto central de la fe en el Hijo de Dios. La “misión” de María se inicia con la visión de un ángel. En cuanto Ella mira al ángel y escucha su mensaje Ella escucha la voluntad de Dios. Este ángel no es ninguna manifestación impersonal; lleva un nombre: Gabriel. Es el comienzo de la historia de la salvación humana que narra el Nuevo Testamento. La humildad de María, la prudencia, la sabiduría, la fortaleza, el consentimiento y la aceptación son la respuesta mas sublime de una criatura a Dios. De hecho, la oración mayor a la Gracia de María, el llamado Rosario (que recibe su fuerza por el carácter histórico) es, según palabras del Papa Pablo VI, un “compendio de todo el Evangelio”.
El evangelista Lucas, después de un prólogo corto, comienza su Libro narrando dos apariciones del ángel Gabriel (1, 11-20 y 1, 26-38): la primera al sacerdote Zacarías para anunciarle un hijo, y la segunda aparición, seis meses después, a la Virgen María. En cuanto Ella da al ángel su respuesta afirmativa, Ella en verdad da su palabra “sí” a Dios por medio del ángel. Este ángel es el mismo “hombre de Dios” que explicó a Daniel (en el antiguo testamento) sus visiones respecto al final de los tiempos y del momento de la llegada del Mesías, por lo que algunos han señalado a Gabriel como el excelso mensajero de la divinidad y humanidad de Jesús nacido de Maria Virgen. Así es que la vida del Salvador comienza con la visión del ángel y con la respuesta de Maria (en Lucas 1, 38): “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra). Por la intersección de Ella nos llega la luz y se expía la desobediencia de la primera mujer bíblica, Eva, que nos había tenido en la oscuridad hasta entonces. María, por decirlo así, abre nuevamente los cielos para el hombre.
La cuestión de si el ángel se apareció corporalmente a Maria en la Anunciación, Tomas de Aquino la responde afirmativamente (en “Suma Teológica”); primero, porque el ángel Gabriel anunciaba la encarnación de Dios invisible haciéndose visible. Segundo, era también conveniente a la dignidad de la madre del Dios hecho hombre, quien debía ser concebido no solamente en su espíritu sino también en su Seno corporal que se hizo fuerte, también porque la aparición corporal, física, equivale a la certidumbre del mensaje, porque lo que ven nuestros ojos es más seguro a lo que imaginamos. También Juan Crisóstomo afirma que “el ángel no se le apareció a la Santísima Virgen durante el sueño sino visiblemente, porque se necesitaba una aparición especialmente impresionante debido al mensaje tan grande que Ella recibió”. Cristo es Rey, entonces su madre es Reina. Para esto Ella fue creada por Dios, porque servir a Dios significa gobernar. Es por eso que, en la estipulación del Orden celeste, Ella es la Reina de la creación, tanto visible como invisible; es la mujer que está vestida con el sol, bajo sus pies la luna y la corona de doce estrellas sobre su cabeza, por la cual en el Apocalipsis y por causa de su hijo se ha emprendido el combate en el cielo, cuando el ángel Miguel precipita en el abismo al dragón y sus secuaces. Este combate dura hasta el final de los tiempos, pero la realeza de la mujer Madre de Dios, Maria, permanece mas allá, por toda la eternidad, donde los tiempos no cuentan días.
Los ángeles, según la Biblia, por sobre todo, son servidores de María. Es la razón de que el decimocuarto misterio del Rosario es el momento en que los ángeles acompañan y llevan a María en cuerpo y alma al cielo. El decimoquinto misterio es la coronación de María como la Reina del Cielo y de la Tierra, Reina de ángeles y hombres.
Entre los libros de la Biblia, donde más se habla de ángeles es en el llamado Apocalipsis, escrito por Juan en Patmos cerca del año 96. En principio un ángel enviado por Dios comunica al escritor las revelaciones: ante el libro sellado “un ángel poderoso que pregonaba a gran voz”; otros cuatro, en los cuatro ángulos de la tierra, contienen los vientos. Siete están de pie delante de Dios, con trompetas de oro, y al sonido de esas trompetas acaecen infinitas cosas en el mundo. Un ángel con incensario de oro está junto al altar, llena el incensario con fuego y lo arroja a la tierra. El vidente escribe a los “ángeles” de siete iglesias de Asia Menor, evidentemente, ángeles reales, no hombres de las iglesias. Los querubines y serafines se han fundido en un grupo de cuatro ángeles, los cuatro “seres vivientes” que rodean el trono de Dios. Aparecen también el ángel del abismo, un ángel con poder sobre el fuego, un ángel de las aguas, el ángel poderoso que “desciende del cielo revestido de una nube, con un arco iris sobre su cabeza, cuyo rostro es como el sol y cuyos pies son como columnas de fuego... el pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la Tierra y que clama “con voz grande, de la manera como surge un león”. Y aparecen siete ángeles con copas de ira: “Y vi en el cielo otra señal grande y maravillosa: siete ángeles con siete plagas. Estas son las últimas, porque por medio de ellas la cólera de Dios queda terminada... Y después de estas cosas vi, y se abrió el santuario de la tienda del testimonio en el cielo, y salieron del santuario los siete ángeles vestidos de lino limpio y brillante y ceñidos alrededor de los pechos con cinturones de oro...”
El primero y el último libro de la Biblia nos dejan entrever, más que los otros, la presencia de los ángeles en la vida nuestra. Aunque sean terribles los acontecimientos relatados en el Génesis y Apocalipsis, siempre en los momentos más críticos, se abre el cielo y aparece la majestad de Dios. El hombre siempre vence cuando solicita ayuda al ángel, o cuando este se aparece por simple gracia. Ya desde los primeros tiempos de la iglesia al Apocalipsis se le llamó libro de la Consolación, de la Purificación; porque el hombre, a pesar de todo, permanece en pie únicamente apoyado en la misericordia del cielo. Que, al final, ángeles y hombres, todos nos salvaremos.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

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